Lunes 10 de Agosto de 2020. A. 19ª. Semana T.0.

Lorenzo, mártir (258)

2Cor 9,6-10: Dios ama al que da con alegría. Salmo 111: Dichoso el que se apiada y presta. Jn 12,24-26: A quien me sirva, el Padre lo premiará.

Jn. 12,24-26: “Si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (v. 24) Con esta enseñanza profunda sobre su entrega total, Jesús nos llama a todos a entregar su vida por amor a él y al prójimo. Así lo comprendió el diácono Lorenzo, quien compartió los bienes de la comunidad con los pobres. Sufrió el martirio del fuego sobre las parrillas durante la persecución de Valeriano. No se aferró a las seducciones del mundo, sino que derramó su sangre por Cristo. Con su testimonio de vida, siguió las huellas de Jesús, a fin de que nosotros cristianos de hoy sepamos entregar nuestra vida al servicio de los más necesitados, enfermos, huérfanos, carentes de amor y de educación.

Sigue a Jesús, sirviéndolo con amor, creciendo y madurando acogiéndolo en tu corazón y anunciándolo a los demás. Recordemos lo que nos dice el apóstol Pablo: el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre, el que siembra con generosidad tendrá cosecha abundante” (2 Cor 9,6).

Siembra en tu hogar, en la institución educativa, sociedad: el amor y el respeto por sí mismo y los demás. Siembra los valores de la generosidad, solidaridad, comprensión, tolerancia. En tus manos está crear una comunidad más honesta y menos corrupta. Tú puedes hacerlo si realmente te dejas transformar por Jesús. Con la oración y la acción, cuidémonos y cuidemos la salud de los demás. Superaremos la pandemia, si sabemos poner amor y unidad a nuestras acciones personales y comunitarias.

¿Cómo seguimos hoy a Jesús? ¿Somos sensibles y cercanos a los más necesitados? ¿Tomamos el tiempo para meditar y practicar la palabra de Dios en nuestro hogar?

Fr. Héctor Herrera op

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