Lunes 16 de Setiembre de 2019. 24ª Semana T.O.

Cornelio y Cipriano (253 y 258)

1Tim 2,1-8: Dios quiere que todos se salven. Salmo 27: Bendito el Señor que escuchó mi voz suplicante. Lc 7,1-10: Ni en Israel he visto tanta fe.

Lc 7,1-10: Jesús camina, recorre los pueblos enseñando la buena nueva de vida y esperanza. Entra en Cafarnaún. Un capitán romano que había escuchado de Él, le envía judíos notables, que venga a sanar a su criado enfermo. Jesús se pone en camino. El centurión le envía mensajeros para decirle que no se moleste en venir. “Señor, no soy digno que entres bajo mi techo. Por eso yo tampoco me consideré digno de acercarme a ti. Di una sola palabra y mi muchacho quedará sano” (v.6-7). Le dice que él ordena a sus soldados y hacen lo que él les manda. Jesús quedó admirado de la fe de este hombre.

La actitud de este centurión del ejército de ocupación romano, es de humilde respeto, él no va ni lo invita a su casa, porque sabe que los judíos no podían entrar en casa de un pagano. Jesús se admira de la fe de este hombre.

La fe no es patrimonio del pueblo elegido. La fe es un llamado a todos. Jesús admira la fe, la confianza de ese romano. Señala a sus oyentes: “una fe semejante, no la he encontrado en Israel” (v.9).

La fe en Cristo, sana nuestras heridas, los rencores y rivalidades, porque descubrimos en la otra persona sus valores, que somos capaces de dialogar, si pensamos en el bien del otro. Pese a las diferencias, maneras de pensar o creencias, si buscamos el bien común de los demás, acogeremos el don de la Palabra de Dios. Comenzaremos por caminar por los caminos del derecho y la justicia. La en Cristo se demuestra a través de las obras buenas.

Si buscamos a Jesús con sincero corazón, aprenderemos a amarnos, comprendernos, respetarnos porque en cada ser humano, como al pagano, descubriremos la confianza en Dios y en el hermano que sufre.

Fr. Héctor Herrera op.

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