Lunes 09 de noviembre de 2020. Semana 32 T.0.

Basílica de Letrán

Ez 47, 1-2.8-9.12 El agua brotaba del templo

Salmo 45:

1Cor 3, 9c-11.16-17 Somos templos de Dios

Jn 2, 13-22: Hablaba del templo de su cuerpo

El evangelista Jn 2,13-22, sitúa a Jesús en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua. El Templo era la sede del poder religioso, político y económico. Los que formaban el Sanedrín, saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, lo habían convertido en un comercio. Allí se sacrificaban los animales y se guardaba el dinero de las ofrendas que traían los peregrinos.

Jesús se indigna al ver este comercio de vendedores y cambistas y les dice: “Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado” (Jn 2,16)

El gesto profético de Jesús es una denuncia a un sistema de dinero y de corrupción, como hoy en día la economía del mercado que lo ha convertido en su dios. El ser humano no importa. Lo que importa es la ganancia aun injustamente. Los dirigentes religiosos reaccionan ante esta actitud de Jesús, porque se les va de las manos el lucro.

Jesús anuncia que él es el nuevo templo: “Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré” (18) Jesús es el nuevo templo de la humanidad. Nosotros por nuestro bautismo nos recuerda el apóstol Pablo: ¿“No saben que son santuario de Dios y que el Espíritu Santo habita en Uds.? (1 Cor 3,16) Cada persona es templo vivo de Dios que merece respeto a su dignidad y con qué facilidad se tráfica con el cuerpo de los seres humanos: ¿No saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en uds? (1 Cor 6,19)

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