Miércoles 25 de Setiembre de 2019. 25ª Semana T.0.

Cleofás (s. I)

Esd 9,5-9: Dios no nos abandonó. Interleccional Tob 13: Bendito sea Dios, que vive eternamente. Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el Reino de Dios.

Lc 9, 1-6 Jesús convoca a los doce discípulos, el nuevo Israel, nuevo pueblo de Dios enviados a sanar a los enfermos, expulsar al espíritu del mal y proclamar la buena nueva de la sanación física, moral, reconciliar, afirmar la alianza entre Dios y la humanidad.

La misión del discípulo exige desprendimiento, amor a Jesús y a los hermanos. Salir al encuentro de las personas como Jesús, confiando en el amor y la misericordia de Dios. Saber descubrirlo en el rostro de los más heridos y desvalidos, promoviendo su dignidad.

¡Cuántas misioneras, misioneros, laicos, religiosos, as, sacerdotes entregan su vida en las selvas amazónicas promoviendo la vida, educación, salud, defendiendo los bosques, ríos y cultura de los pueblos originarios! Muchas veces sus vidas en peligro y amenazados por las mafias madereras, petroleras o mineras. Ellos han mantenido gran parte de las fronteras del país. Es un desafío para los congresistas que representan a esos pueblos de proteger la ecología, la vida de los pueblos originarios y el apoyo a las misiones.

Todos los bautizados estamos llamados a evangelizar. Anunciar y proclamar a Jesucristo, con un auténtico testimonio de vida, despojarnos de las comodidades contrarias al evangelio, para vivir en la libertad de los hijos de Dios. Anunciemos con alegría: Hemos encontrado al Señor, en su Palabra, movidos por el Espíritu podemos decir y reconocer Jesús es el Señor. Sanar el corazón enfermo, a veces de ambiciones de poder, dinero, injusticia, para proclamar es posible cambiar el corazón y la mente, para hacer realidad la justicia de Jesús, cimentada en la verdad, para que exista la paz, fruto de la gracia y la sabiduría de Dios.

La misión de Jesús, para nosotros es amar, proteger la vida, la creación. La justicia y la paz depende del compromiso y responsabilidad de todos, organizándonos, descubriendo que cada ser humano es un hijo, una hija de Dios. Si queremos una sociedad en paz, responsabilicémonos y comprometamos todos a salir de la indiferencia para crear comunidades más fraternas y solidarios.

“La Iglesia está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra (cf. Mi 5,3; Mt 28,19; Hch 1,8; Rm 10,18). Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2 Co 5,14-21). Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar (cf. Carta apost.  Maximum illud). (Mensaje Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo JMM 2019. Papa Francisco).

Fr. Héctor Herrera op.

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