Miércoles 16 de diciembre de 2020. III semana de Adviento
Adelaida (999)
Is 45, 6c-8.18.21b-25 Que brote la salvación
Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Lc 7, 18b-23: Digan a Juan lo que han visto
Isaías es el más estricto defensor del monoteísmo: “Yo soy el Señor, y no hay otro”. Un Dios justo y salvador, no hay otro fuera de mí. Juan Bautista es un hombre que, como todos sus contemporáneos, esperaba con ardiente intensidad un Mesías triunfador y purificador por el fuego. Decía: «Él os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego; tomará en su mano el bieldo, y limpiará su era, guardará después el trigo en su granero, y quemará la paja con fuego que no se apaga»(Mt 3,11-12).
Juan ha escuchado de los gestos mesiánicos de Jesús y le envía dos mensajeros para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otros? (Lc. 7,19). Jesús no nos da discursos. Es el testimonio de su actuar. Él ha venido para sanarnos de nuestras enfermedades físicas, morales. Su respuesta es una palabra activa y encarnada en la realidad del pobre que sufre, como tiene que ser hoy nuestra misión como Iglesia de la cual tú y yo, nosotros formamos parte. No nos quedemos indiferentes, hagamos lo que hizo Jesús. “Vayan a informar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia. Y dichoso el que no tropieza por mi causa” (Lc 7,22-23).
Anunciar el reino de Dios es dar testimonio con hechos: sanar el corazón de la sociedad de toda corrupción de las coimas, del dinero que compra conciencias, del narcotráfico que destruye vidas humanas, de la violencia y de la guerra, de la falta de ética en algunos políticos, de las componendas políticas para ganar el poder y no pensar en planes concretos de gobierno que promuevan el desarrollo integral de los pobres, de la malicia y de la maldad para derribar a los opositores, del acomodo a un estilo de vida incoherente con el evangelio de Jesús. El reino de Dios es trabajar por lo positivo como nos enseña Jesús: sanar heridas, buscar el bien del otro, de la familia. El tener un corazón limpio, una mirada serena y oído para escuchar el grito del pobre que quiere justicia, paz, amor, libertad, trabajo, educación. Inculca valores en el corazón de tus hijos, de los jóvenes para tener una sociedad nueva que busca el verdadero rostro de Jesús.
Adviento nos hace revivir este tiempo de espera. Son tantos los varones y mujeres, que hoy también esperan la liberación de todo lo que pesa sobre sus vidas.
¿Qué hacemos para ser constructores del reino de Dios? ¿Cómo cultivamos el amor y el aprecio por la vida, la verdad, la justicia y la paz?

