Lunes 15 de febrero de 2021
San Claudio La Colombière
Génesis 4,1-15.25: Caín atacó a su hermano Abel y lo mató
Salmo 49: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Mc 8, 11-13: ¿Para qué pide un signo?
Jesús dijo: ¿Para qué pide una señal esta generación? Les aseguro que a esta generación no se le dará ninguna señal. Dejándolos, se embarcó de nuevo y pasó a la otra orilla.
Los fariseos eran celosos observantes de la ley, pero estuvieron incapacitados para reconocer la acción que Dios revelaba en Jesús. Lo ponen a prueba, le piden “un signo del cielo” una prueba divina que les demuestre su condición de Hijo de Dios, pero Jesús no entra en el juego, no cae en la trampa, no se deja manipular. Acababa de realizar la multiplicación de los panes, el milagro del compartir lo poco que se tiene para saciar el hambre de los demás. La mente y el corazón de los fariseos no logran ver lo que acontece en la persona de Jesús. La reacción de Jesús: Él suspiró profundamente, nos ayuda a comprender el dolor que sentía ante la dureza de quienes se niegan a creer. Como los fariseos, también nosotros podemos cerrar nuestro corazón y dejar de ver la actuación de Dios en lo pequeño, en lo sencillo, en lo cotidiano. ¿Soy capaz de poner mi confianza en el Señor sin pedirle nada a cambio? ¡Abramos nuestra vida a la gratuidad de su presencia amorosa!
Jesús es el gran signo del amor misericordioso y compasivo de un Dios cercano, viene a defender el derecho y la justicia del pobre, frente a los signos de la muerte y de la opresión. Jesús ha venido para mostrarnos el amor y la realización de todo ser humano, como hijo de Dios. En el signo del amor supremo, de su muerte y resurrección, Jesús nos enseña a amar y proclamar la verdad, como testimonio de una nueva vida cristiana con madurez y responsabilidad, de crear corazones y mentes nuevas, que miremos con la misma mirada de Jesús.
El mayor signo que Jesús nos pide es fe, conversión y difundir que Él vive cuando amas a tu hermano.
(+) Fr. Héctor Herrera o.p.

