Homilía XI Domingo del Tiempo Ordinario
Año litúrgico 2020-2021 (Ciclo B)
Lectura 1: Ez 17,22-24
Salmo: Sal 91
Lectura 2: 2Cor 5,6-10
Evangelio: Mc 4, 26-34
Árboles, pájaros, agricultores. La lectura de Ezequiel y la del Evangelio de hoy hacen referencia al mundo agrícola, al mundo de la naturaleza inclusive. La naturaleza nos remite a Dios y a su gobierno entre nosotros, pero también Dios nos remite a la creación, donde hay muchas zonas en peligro. En general, nosotros nos sentimos relajados en el campo, pero del mismo modo nos sentimos cautivados y desconcertados ante la naturaleza indómita de la Amazonía por ejemplo.
Dios es como un agricultor de árboles. La imagen de Dios en Ezequiel es la de un cultivador de árboles, cedros específicamente. Y siembra una ramita en la cima de un monte elevado. Aves diversas anidarán al abrigo de sus ramas cuando el cedro crezca. Es decir, un brote pequeño de un árbol es plantado en un monte alto: algo pequeño para que todos lo vean. Así todos los árboles reconocerán quién es el Señor, pues humilló al árbol imponente y exaltó al brote que creció, e hizo secarse al árbol verde e hizo florecer el árbol seco.
Dios es como un agricultor de árboles a partir de tiernos brotes. Pero Dios es, digamos así, un propiciador de ecosistemas porque con estos árboles se crea un entorno en el que caben aves por ejemplo. Cuando cortamos árboles, no solo caen éstos, sino también fauna y flora, haciéndose esta realidad más terrible en ecosistemas como la selva amazónica.
La segunda Lectura nos remite a caminar saturados de buen ánimo -buena vibra, diríamos en términos coloquiales- y que caminamos en fe y no en visión. Caminamos en confianza en Dios, no en supuestos mensajes que nos distraen del amor desbordante de Dios, y así nos esforzamos en agradarle. Y hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, sabiendo que Dios es nuestro defensor como una cariñosa madre o un justo fiscal que investiga organizaciones criminales.
Plantas, pájaros, agricultores, vuelven a aparecer en el Evangelio según Marcos. Jesús predica sobre el reinado de Dios. A veces nosotros tenemos en cuenta a Dios pero nos olvidamos del reinado de Dios que incluye la paz entre pueblos, la justicia para los pobres, el bienestar de las naciones. Aspectos sociales consideramos por algunos, pero que son hondamente espirituales porque ahí en el corazón de la sociedad se deja traslucir el amor generoso de Dios a través de la presencia y actuación de los creyentes.
Jesús como buen judío -empapado en el Antiguo Testamento en el que encontramos muchas comparaciones para explicar la actuación de Dios- busca que la gente comprenda mejor el mensaje salvífico de Dios. Jesús pregunta cómo comparar el reino de Dios, cómo hacer una relación entre lo que Dios promueve entre nosotros con algún aspecto de la realidad, como por ejemplo la realidad del campo o la naturaleza con sus árboles, semillas, frutos.
Jesús es un magnífico contador de historias. Jesús pretende que captemos el mensaje de Dios y que demos respuesta a la parábola en la vida misma, no en un rito o en algo apartado de la realidad, sino en la misma realidad que vivimos y que podemos cambiar en orden a la paz, no a broncas y a falsedades.
¿Qué parábola usaremos?, era la inquietud de Jesús, que contó la historia de la semilla muy pequeña, que crece tan alto cuyas ramas acogen a los pájaros. Jesús les exponía la palabra de Dios con diversas parábolas, acomodándose al entender del pueblo, aunque era más específico en sus explicaciones con sus discípulos.
Las parábolas de Jesús llegan hasta nosotros, y apelan a la inteligencia y al corazón. La respuesta hemos de darla nosotros en la vida misma, sin el cinismo de muchos en este tiempo de pandemia y de arengas poco democráticas. Las palabras de la Biblia de hoy nos remiten también a contemplar la belleza de la creación pues de allí surgen reflexiones sobre Dios, el Dios que esparce semillas pequeñas y planta brotes tiernos, que crecerán y albergarán más vida.
Fr. Marco Nureña, OP
Radio San Martín. Arequipa 13.06.2021

