Martes 15 de Octubre de 2019. C. 28ª Semana T.0.

Teresa de Ávila (1582)

Rom 1,16-25: No dieron gloria a Dios. Salmo 18: Los cielos proclaman la glria de Dios. Lc 11,37-41: Den limosna, y lo tendrán limpio todo.

Lc 11, 37-41. Jesús critica la hipocresía de los fariseos. Estaban tan apegados a las leyes de purificación externa. Con esto encubrían la podredumbre interior.

Igual puede sucedernos hoy, nuestro comportamiento puede ser como el de los fariseos, preocupados por las normas religiosas, pura apariencia y olvidarnos de lo esencial de la Ley de Dios: la caridad solidaria, la justicia, la coherencia y transparencia de vida.

Vivimos hoy como ayer en una sociedad enferma y autoritaria, llena de interpretaciones, para eludir la justicia, olvidándose de resolver los problemas de los más necesitados.

Nuestro Papa Francisco, reflexionando sobre este pasaje del evangelio, nos dice que hay dos grandes pecados: la idolatría y la hipocresía. Los idólatras no tienen ningún motivo de excusa. Aun habiendo conocido a Dios, no le han glorificado, ni le han dado gracias como Dios”

Jesús nos enseña, es desde el interior de la persona donde surge lo bueno o lo malo. Dejemos que Él ilumine con la luz de su verdad nuestras vidas, para ser cada día más conscientes que ese niño, a que vemos en las calles, necesita protección, seguridad de la familia. Que ese anciano que duerme en las calles necesita protección. Que el enfermo necesita ser atendido de urgencia.

Digamos como San Pablo “yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder Dios para la salvación de todos los que creen” (Rom 1,16).

Si cada comunidad cristiana nos amaramos en serio, descubriremos el Espíritu de Dios, que nos anima desde nuestro interior a saber purificarnos de todos los ídolos del egoísmo, la figuración y vanidad, que no nos permiten descubrir el sentido profundo de Dios.

“Abre tu corazón y tu mente a tu amigo Jesús y Él cambiará tu vida, si tú lo quieres” Así lo comprendió Santa Teresa de Ávila quien pedía a sus monjas «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). Santa Teresa amó a Jesús. Se identificó con Él en la oración. Encarnó su Palabra y por eso pudo reformar la Orden del Carmelo.

¿Actuamos con la libertad de Jesús para buscar el verdadero rostro de Dios en nuestras vidas?

Anunciemos a Jesús con alegría, entusiasmo en nuestros hogares, trabajo, sociedad. Es posible cambiar de vida, si queremos. Es posible devolverle a nuestro país la justicia y la verdad, si nos convertimos a Jesús y vivimos el Evangelio de la alegría.

Fr. Héctor Herrera, O.P.

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