Homilía VII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2022 – 2023 – (Ciclo A)

Primera lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

Salmo 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Mateo 5, 38-48: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores

¿Es posible llegar a esta «justicia» tan perfecta? Lo que se nos dice en Mt 5,48 para rematar las antítesis es una propuesta de imitación: «sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto». Sabemos que ese es el sentido que tiene todo el sermón y las antítesis como elementos determinantes. Se nos pide que imitemos a Dios y no debe ser de otra manera, aunque nunca podamos ser como Dios, como el Padre. La «irnitatio Dei» es un planteamiento de la moral religiosa en todo su sentido cultural de la época y casi siempre ha sido así. Para Jesús, el modelo no puede ser sino Dios mismo, pero este como Padre. No obstante, la idea, tal como la formula Lucas 6,36 «sed compasivos» o «misericordiosos» (oiktírnzones) parece más conforme con lo que pudieron ser las palabras de Jesús, más en conformidad con el mismo hecho de tratar a Dios como Padre y no simplemente como Dios. Que a Dios se le considere perfecto es demasiado «jurídico» o «legal»; pero que a Dios-Padre se le considere como fuente de compasión y misericordia y que debamos hacer y sentir como El, es mucho más entrañable y humano. Querer ser perfectos como Dios es imposible, aceptar ser compasivos y misericordiosos como el Padre es lo propio de los seguidores de Jesús. En ese sentido no debemos tener miedo de tener a Dios, al Dios Padre, como modelo de nuestra vida, de la misma manera que lo experimentó Jesús.

Se ha hablado mucho de la utopía del amor a los enemigos como un imposible. Es verdad que es una propuesta «utópica», porque está fuera de lo normal, de lo que la antropología y la psicología nos dictan e incluso nos imponen. Pero si cambiáramos esta exigencia utópica del cristianismo toda caería por tierra. Si es imposible para cada uno de nosotros aceptémoslo, pero no por ello ignoremos las palabras de Jesús que lo llevó a la práctica, y de muchos seguidores. En todo caso, si es una utopía, se trata de una utopía irrenunciable que debe practicarse con todas nuestras fuerzas, las que tengamos, las que sintamos… lo demás, lo podemos dejar en las manos de Dios Padre que no ayudará a cambiar el corazón.

F/ Dominicos.org

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