Frente a los focos de odio y venganza, multiplicar los de misericordia
El Papa expresó su gratitud a la Penitenciaría por su contribución a la preparación de buenos confesores. La anima a continuar esta tarea formativa «que tanto bien hace a la Iglesia porque ayuda a hacer circular por sus venas la linfa de la misericordia». Subraya la importancia de evitar regañar a quienes acuden a recibir el don de la reconciliación, o dar una penitencia que no se puede hacer. «Si alguien no tiene ganas de ser un dador de misericordia que recibe a Jesús, que no vaya al confesionario», repite. A continuación, el pontífice cita la Evangelii gaudium y precisa:
Viviendo de la misericordia y ofreciéndola a todos, la Iglesia se realiza a sí misma y cumple su acción apostólica y misionera. Casi podríamos decir que la misericordia está incluida en las «notas» características de la Iglesia, en particular hace brillar la santidad y la apostolicidad.
El Papa subraya que «no es posible, especialmente en este tiempo de Cuaresma, permitir que se descuide la atención en el ejercicio de la caridad pastoral, que se expresa de modo concreto y eminente precisamente en la plena disponibilidad de los sacerdotes, sin ninguna reserva, al ejercicio del ministerio de la reconciliación». Se detiene precisamente en la disponibilidad:
La disponibilidad del confesor se manifiesta en ciertas actitudes evangélicas. Ante todo, en acoger a todos sin prejuicios, porque sólo Dios sabe qué gracia puede obrar en los corazones, en cualquier momento; después, en escuchar a los hermanos con el oído del corazón, herido como el corazón de Cristo; en absolver a los penitentes, dispensando generosamente el perdón de Dios; en acompañar el camino penitencial, sin forzarlo, siguiendo el ritmo de los fieles, con paciencia y oración constante.
«El nombre de la misericordia de Dios hecha paz es Jesús. Y si la Iglesia lo mira como esperanza de la humanidad, puede hacerlo no porque lo considere una esencia abstracta o una tesis teológica, sino una persona concreta».

