Jueves 28 de noviembre de2019. C. 34ª Semana T.0.
Catalina Labouré (1876)
Dn 6,12-28: Dios cerró las fauces de los leones. Interleccional Dn 3: Ensálzalo con himnos por los siglos. Lc 21,20-28: Está cercana la destrucción de Jerusalén.
Lc 21,20-28: Jesús con un lenguaje apocalíptico anuncia la destrucción de Jerusalén. La ciudad santa sucumbe víctima de su pecado, ha rechazado la salvación que se le ofrecía en Jesús. Jesús expresa su compasión por las víctimas. Y pone en guardia a los discípulos para que no perezcan. Muerte y destrucción es lo que dejará el ejército romano a su paso. Niños, mujeres, varones, pérdida de vidas, de hogares, migraciones es lo que dejan las guerras hoy en día. El evangelista ha ido reconstruyendo lo que ya había anunciado Jesús.
Hoy en el mundo los cristianos son perseguidos, despojados de su patria. El fanatismo religioso al interior y al exterior destruye la vida de las comunidades. Algunos permanecen ciegos frente al cambio climático con discursos y sin soluciones concretas, cuando en sus manos está poner freno a los gases tóxicos que atentan contra el planeta tierra y la humanidad. El ser humano con el poder de decisión en sus manos está autodestruyéndose y provocando un caos si no se pone remedio a tiempo. ¿De qué nos sirve tanto avance en la ciencia, en la tecnología, cuando algunos permanecen ciegos y sordos en su poder de dominio, sin importarles los miles de millones de seres humanos? Han perdido el sentido de Dios en sus vidas.
Jesús nos alerta a todos los creyentes a no perder de vista la fe y la esperanza de crear algo nuevo y diferente. Porque en él han sido renovadas todas las cosas. No podemos permanecer con los brazos cruzados, si nosotros mismos no hacemos algo poco a poco en cuidar la protección de la vida, las plantas, el agua, los bosques. Despertemos, a las orientaciones del sínodo pan amazónico, no permitamos que se siga destruyendo el país ni que otros se lleven, la fauna, la flora, las plantas medicinales, los bosques, los ríos están destruyéndose por la voracidad egoísta de unos pocos. Levantemos la cabeza a Cristo para actuar con responsabilidad y generosidad porque hay liberación donde hay vida y ganas de protegerla.
Fr. Héctor Herrera, o.p.

