Nadie es dueño del bien y del mal
El punto de partida para esta reflexión es precisamente el libro del Génesis donde se describe «la dinámica del mal y de la tentación» a través del encuentro de nuestros antepasados, Adán y Eva, con la serpiente, símbolo del mal. La serpiente es «un animal insidioso», dice el Papa, puede camuflarse fácilmente y por eso es «peligrosa».
La serpiente insinúa la duda sobre la bondad de Dios. Adán y Eva no resisten la tentación. Y el Papa continúa:
Con estos relatos, la Biblia nos explica que el mal no comienza en el hombre de modo clamoroso, cuando un acto se manifiesta, sino que el mal comienza mucho antes, cuando empezamos a entretenernos con él, a adormecerlo en nuestra imaginación y en nuestros pensamientos, acabando atrapados por sus halagos. El asesinato de Abel no comenzó con una piedra arrojada, sino con el rencor que malvadamente guardaba Caín, convirtiéndolo en un monstruo dentro de sí mismo.
Cuidado: el diablo es un seductor. No dialoguen nunca con él, porque es más listo que todos nosotros y nos lo hará pagar. Cuando llegue una tentación, no dialoguen nunca. Cierra la puerta, cierra la ventana, cierra tu corazón. Y así, nos defendemos de esta seducción.
Custodiar el corazón. Debemos pedir esta gracia de aprender a custodiar el corazón. Es una sabiduría, esa de cómo custodiar el corazón. Que el Señor nos ayude en esta tarea. Quien custodia su corazón, guarda un tesoro. Hermanos y hermanas, aprendamos a custodiar el corazón.

