Viernes 11 de abril del 2025. Quinta semana de Cuaresma

San Estanislao de Cracovia

Primera lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 R/. En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó

Juan 10, 31-42: El Señor está conmigo

El Señor está conmigo

Desde el Nuevo Testamento, desde Jesús, interpretamos mejor las palabras de Jeremías. A Jeremías no le fue muy bien como profeta, hasta sus amigos querían hacerle desaparecer: “Mis amigos acechaban mi traspiés”. Jeremías no calla y sigue proclamando lo que Dios le anuncia. Su fuerza le viene de confiar plenamente en el Señor: “El Señor está conmigo… mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo”. El Señor no defrauda nunca a los que confían en él. Pero esto no quiere decir que a sus “confiadores” les salga todo bien en esta tierra. Quiere decir que Dios los va a acompañar día y noche, en todos los momentos, en su caminar por la vida. Y si “sus enemigos” les aplastan, los matan… allí está Dios con ellos y no les dejará de su mano y les resucitará a una vida plena de felicidad. Eso fue lo que hizo con Jesús, con tantos mártires, con Jeremías y con todos nosotros si depositamos nuestra confianza en él. “El Señor está conmigo”.

Mis obras

Las palabras de Jeremías las podemos poner en boca de Jesús. También Jesús tuvo enemigos que le acosaban constantemente. En el episodio de hoy, cuando buscan apedrearle “porque tú siendo hombre, te haces Dios”, Jesús se defiende acudiendo a sus obras. Las obras prodigiosas que nadie ha podido realizar no las hizo por pura milagrería y para impresionarnos con su poder. En todo, también en estas sus obras, fue buscando que le creyésemos que era el Hijo de Dios y… si es el Hijo de Dios no hay más remedio que hacerle caso. Que hacerle caso cuando nos dice que nos quiere hasta el extremo y hacerle caso cuando nos señala el camino que nos lleva a la vida. Si es el mismo Hijo de Dios el que nos ama, el que nos habla, el que nos ilumina… ¿Cómo podemos rechazarle y… matarle? Vuelve la idea del posible rechazo a Jesús, el Hijo de Dios. Idea y realidad que se han repetido desde el siglo primero hasta nuestros días. Algo que San Pablo no podía entender: “¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, ante cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado”?

F/ Dominicos.org

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