Ni testigo, ni cómplice
Era jueves 24 de abril, una tarde calurosa, cerca de la 1:30 de la tarde. Cuando una escena habitual del transporte público se transformó en un acto de coraje que captó la atención de toda la ciudad. Sucedió en el sector 13 de Enace, distrito de Cayma, un delincuente cometió lo que parecía otro robo más en la larga lista de asaltos que azotan las calles arequipeñas. Pero ese día, la historia tendría un final distinto gracias a Raúl Álvaro Infantes Acosta, conductor de la unidad 239 de la empresa TransCayma.
Todo comenzó cuando una joven pasajera descendió del bus. En ese preciso momento, un sujeto que también viajaba en la unidad se abalanzó sobre ella y le arrebató su celular, para luego huir a toda velocidad. Lejos de continuar su ruta como quizá muchos lo harían, Infantes decidió no ser un testigo más. Encendió el motor del bus y lo dirigió en persecución del delincuente, siguiéndolo por varias cuadras entre las calles del distrito.

Pero no todo sería tan sencillo. El ladrón tomó una vía angosta, intransitable para el enorme vehículo. Ahí, el conductor tomó una decisión que marcaría su destino: descendió del bus y comenzó a perseguirlo a pie. Sin importarle el peligro ni el esfuerzo, corrió tras el asaltante hasta darle alcance y reducirlo. Minutos después, lo entregó a los agentes de la comisaría de Dean Valdivia.
Raúl no era ajeno a estas situaciones. “Una vez me pasó en el parque Selva Alegre, a las 5:20 de la madrugada. Estaba pasando por el parque, abrí la puerta y metieron medio cuerpo y jalaron el celular”, recordó. “En otra fue igual… Entonces, ahora que sí estaba en mis posibilidades de poder ayudar, lo hice”.
Y lo hizo con determinación. Su acto, que podría parecer arriesgado o incluso temerario en medio del miedo generalizado frente a la delincuencia, fue reconocido por la Municipalidad Provincial de Arequipa, que le otorgó un reconocimiento por su valentía y compromiso ciudadano.

La historia de Raúl Infantes Acosta no es solo la de un conductor valiente. Es también un recordatorio de que, en medio del caos cotidiano del transporte urbano y de la creciente inseguridad, aún hay ciudadanos dispuestos a actuar. Su gesto, más allá del reconocimiento oficial, es una inspiración para quienes día a día se resignan ante el delito. Pero también es una muestra de que la inseguridad está latente en la ciudad, por que es importante poner los ojos en la gravedad de la situación.
Redacción Julio Mamani

