Un viaje fuera de lugar

La presidenta Dina Boluarte ha vuelto a hacer gala de su desconexión con el país. Esta vez, con la autorización de su viaje al Vaticano para asistir a la entronización del papa León XIV, un acto simbólico que bien pudo representar otra autoridad. No sorprende, pero sí indigna: mientras en el Perú enfrenta una grave crisis institucional, una ola de inseguridad, y múltiples denuncias sin resolver —algunas directamente relacionadas con su gestión—, Boluarte prioriza figurar en un evento religioso internacional. ¿Con qué cara pretende representar a un país que, en su mayoría, la rechaza?

Boluarte no es la persona indicada para asistir a un acto que simboliza paz y espiritualidad. Su presencia, manchada por escándalos políticos, investigaciones fiscales y un estilo de gobierno autoritario, es una contradicción frente a lo que representa el Vaticano. La presidenta encarna, en estos momentos, todo lo contrario al mensaje de reconciliación y esperanza que debería transmitir la entronización de un papa. Incluso los peruanos en Italia lo tienen claro: han anunciado protestas y manifestaciones en su contra por sentirse avergonzados de su presencia en una ceremonia tan significativa.

El contraste es evidente y doloroso. La propia alcaldesa de Chiclayo —ciudad donde Robert Prevost, hoy León XIV, fue obispo— decidió no asistir, argumentando que su lugar está con su pueblo, trabajando por resolver los graves problemas que enfrenta su ciudad. Esa es la actitud que se espera de una autoridad comprometida, no de alguien que utiliza el cargo como un pase diplomático para escapar del caos que ayudó a profundizar.

Dina Boluarte tenía, y tiene, mucho que hacer aquí. Su deber es quedarse, dar la cara, resolver, liderar. Pero ha optado por lo contrario: escapar bajo el pretexto de representar al país en el Vaticano. Lo que necesita el Perú no es una figura decorativa en ceremonias extranjeras, sino una presidenta que, al menos, intente gobernar con coherencia. Este viaje es una ofensa más a un país que ya está harto de su indiferencia.

Redacción David Mendez

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