Currículum en mano, soborno bajo la mesa

Trabajar en EsSalud no solo representa una aspiración legítima para cientos de profesionales de la salud en Arequipa. También simboliza estabilidad, beneficios sociales, crecimiento profesional y la posibilidad de contribuir con el bienestar colectivo desde una de las instituciones más grandes del país. Sin embargo, ese camino, ya de por sí complejo y exigente, hoy se ve nuevamente manchado por la sospecha y la desconfianza.

La reciente detención de Susy Sánchez Gonzales, enfermera del hospital Carlos Alberto Seguín Escobedo, acusada de presuntamente ofrecer plazas laborales a cambio de pagos que oscilan entre 15 mil y 60 mil soles, revela un problema más profundo que un caso aislado de corrupción.

La operación “La Cicuta del Sur” ha puesto sobre la mesa una incómoda verdad, los procesos meritocráticos en el Estado siguen siendo vulnerables a las redes de influencia, tráfico de contactos y la desesperación de quienes buscan un trabajo digno.

¿Quién fiscaliza realmente los concursos públicos? ¿Cuánta transparencia hay detrás de cada convocatoria que se publica en el portal de EsSalud o en la plataforma de Servir? Estas preguntas, que deberían tener respuestas claras y verificables, cobran fuerza cuando salen a la luz denuncias de cobros ilegales por puestos públicos. Más aún, cuando se informa que una convocatoria nacional para la contratación de 100 médicos fue cancelada por presuntas ventas de plazas detectadas en Arequipa, con montos que llegaban hasta los 30 mil dólares.

Es inevitable preguntarse cuánto afecta esto a los miles de postulantes que sí cumplen con todos los requisitos, que preparan sus documentos con cuidado, que acreditan su experiencia y formación con esfuerzo, y que, sobre todo, se aferran a la esperanza de que un sistema público aún puede ser justo.

Lamentablemente, casos como el de la enfermera Sánchez debilitan esa esperanza. No solo socavan la credibilidad de EsSalud como institución, también erosionan la moral del personal de salud que ya enfrenta un sistema saturado, mal remunerado y muchas veces burocráticamente ineficiente. El mensaje que se percibe, aunque no se diga en voz alta, es que, a veces, pesa más tener un contacto o pagar por un “favor” que tener méritos comprobables.

La corrupción, cuando se instala en el sistema de selección de personal, tiene efectos devastadores, coloca a personas sin las competencias necesarias en puestos clave, desalienta a los profesionales honestos, e impide que el paciente, ese ciudadano que espera una atención oportuna y de calidad, reciba el servicio que merece. La consecuencia no solo es moral o institucional, es también sanitaria y humana.

No se trata de generalizar ni de lanzar sospechas al aire. El debido proceso debe respetarse, y será la justicia quien determine las responsabilidades del caso. Pero sí es urgente que EsSalud y el conjunto del aparato estatal refuercen los mecanismos de transparencia, fiscalización y rendición de cuentas en cada etapa del proceso de contratación. La solución no puede limitarse a sancionar a una persona, sino a reformar los procedimientos que permiten que hechos así ocurran.

Mientras tanto, la desconfianza crece. El profesional de la salud que espera un puesto en EsSalud con esfuerzo legítimo, siente que compite en una carrera donde no todos parten desde la misma línea de salida. Y el ciudadano común, que acude a un hospital esperando atención, quizá se pregunte si el médico que lo atiende está allí por méritos o por haber pagado una suma en la sombra.

La salud pública no puede darse el lujo de ser un botín político ni un negocio privado. Porque cuando un puesto se vende, no solo se viola la ley. Se traiciona también la vocación, el mérito y, sobre todo, al paciente. Y esa herida, en un sistema ya frágil, cuesta demasiado en términos de confianza, eficiencia y dignidad.

Redacción Marisol Ciñane

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