Viernes 28 de Febrero de 2020. A. Viernes después de Ceniza

Leandro (600)

Is 58,1-9a: El ayuno que Dios quiere. Salmo 50: Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias. Mt 9,14-15: Cuando no esté el novio, ayunarán.

Mt 9,14-15: El ayuno grato a Dios, no es solo una práctica piadosa, sino lo que le agrada es la misión profética: compartir el pan, la justicia, verdad y responsabilidad con los demás. Si ayunas entre pleitos, riñas, violencia esto no es agradable al Señor.

Jesús es el esposo que vino a sellar una alianza nueva con la humanidad. Él nos trae la alegría de vivir, sanarnos. Por eso nos da la alegría. Su amor y su cercanía se convierte en gozo y no en tristeza.

Vivir el ayuno es lograr la felicidad de una buena calidad en la salud, valoración y respeto por el enfermo. Lograr eliminar la desnutrición de los niños educándonos en una adecuada distribución y uso de los recursos que tenemos.

Vivir la presencia de las bodas de Jesús con la humanidad, es lograr la comprensión en la familia. Dejarnos iluminar por la Sagrada Escritura, en compartir las tareas de cada día con responsabilidad.  Que quienes tienen entre manos la defensa del derecho y la justicia la aplique con rectitud, pensando y teniendo presente a Dios en sus acciones.

Vivamos la felicidad con Jesús luchando contra todo pecado de injusticia, indiferencia para hacer de la familia y la sociedad más responsable, caminando con alegría este encuentro con Él y con el hermano.

¿Sabemos desprendernos de lo superfluo para compartir con el que no tiene?

El ayuno que Jesús nos pide es realizar aquí y ahora el reino de Dios, amar compartiendo, trabajar por la justicia y la paz. Jesús nos presenta que para un seguidor: es inseparable la fiesta y la lucha. El camino del cristiano es siempre una fiesta, porque Dios está cerca de nosotros y su Espíritu nos anima. Es una fiesta de amistad.

Es lucha, porque tenemos que luchar contra el egoísmo, el orgullo, la dureza, la corrupción, la mentira y el gesto amenazante contra el pobre e indefenso, cuando rompamos esas cadenas injustas, entonces vendrá la paz. Porque la novedad del reino de Dios es romper contra todas esas formas de exclusión de unos pocos contra los muchos. Que cada uno compartamos el pan con el hambriento, acojamos al hermano, a, con amor y respeto y trabajemos por convertirnos a una cultura de solidaridad y de preocupación por los demás.

Fr. Héctor Herrera o.p.

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