Lunes 02 de Marzo de 2020. A. 1a Semana de Cuaresma
Simplicio (483)
Lv 19,1-2.11-18: Juzga con justicia. Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Mt 25,31-46: Vengan, benditos de mi Padre.
Lev 19,1-2.11-18: “Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros. No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor. No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. No odiarás a tu hermano en tu corazón. No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mt 25,31-46: El evangelista recoge esta experiencia: Todos estamos llamados a la santidad de Dios, es decir a crecer y a madurar en el amor a Él y al prójimo. Una santidad, es creativa practica la justicia, la compasión y la solidaridad, en especial con los más pobres.
Seremos juzgados en la medida en que entregamos nuestra vida al servicio de los pobres sin rostro, sin nombre, enfermos, migrantes, discapacitados, maltratados, los que son víctimas de la trata de personas, de la minería informal, de la contaminación ambiental, o la indiferencia. A los que optaron por ayudar y proteger la vida de los indefensos, nos dirá: Vengan benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado desde la creación del mundo (Mt. 25,34). En cambio, a quienes no tuvieron compasión, ni sensibilidad solidaria hacia el más pequeño, los apartará: Apártense de mí malditos, porque tuve hambre, era emigrante, estaba desnudo, enfermo y no me socorriste.
Nuestra vida y la construcción del reino de Dios está en este mundo, aquí y ahora: en buscar la solidaridad, justicia y compasión para el que menos posibilidad de vida tiene. Ser santos es buscar concretizar la fe en Dios, con la cercanía a los más humildes, porque en ellos está el rostro de Jesús.
La Palabra de Dios es un don para que descubramos en nuestro prójimo el don del amor de Dios. El llamado que nos hace Dios a la santidad consiste en corregirnos con ternura. Apreciar y valorar la vida nos permitirá acercarnos uno a otros y descubrir el rostro humano y misericordioso que Jesús nos muestra.
Fr. Héctor Herrera o.p.

