Lunes 25 de mayo del 2026. Octava semana del Tiempo Ordinario
Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
Primera lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20
Salmo 86, 1-2.3 y 5. 6-7 R/. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Juan 19, 25-34: Mujer, ahí tienes a tu hijo
«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre»
La cruz se ha convertido en el verdadero árbol de la ciencia del bien y del mal. Nos habla del Amor infinito y de la maldad y sus consecuencias.
Junto a la cruz, María. Ya había dicho sí a Dios y a su proyecto de salvación en la Anunciación. Ahora, ya no jovencita, sino anciana, recibe una nueva anunciación: no ser solo la madre de la Cabeza sino también del cuerpo de la Iglesia: No solo madre de Dios, sino madre de todos los hijos de Dios, representados en Juan. No tuvo ella necesidad de decir sí con palabras: era la mujer cercana a Dios y totalmente disponible y colaborará con él.
En pentecostés la vemos como esa nueva Sión de la que nos habla el salmo, congregando a los discípulos y discípulas de su Hijo y pidiendo y esperando al Espíritu (Hechos 2, 14).
Después de su asunción, sigue con su tarea maternal. Sigue pendiente y atenta de cada uno de nosotros y diciéndole a Jesús lo mismo que le dijo en Caná: “No tienen vino”; y a nosotros: “haced lo que Él os diga” (Jn 3, 4-5).
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