Sábado 27 de junio del 2026. Duodécima Semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Primera lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

Salmo 73, 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21 R/. No olvides sin remedio la vida de los pobres.

Mateo 8, 5-17: Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre

“Voy yo a curarlo”

Ponemos nuestra mirada en este centurión que se acerca a Jesús, le reconoce Señor y le pide por su criado que sufre en casa paralítico. Estamos ante un hombre que se ha movilizado por la enfermedad y el sufrimiento de su criado, esto es un nivel humano extraordinario.

Y ante la llamada de este centurión, que no olvidemos pertenece al pueblo dominador, la respuesta de Jesús es clara y sin dudas: “Voy yo a curarlo”.

Jesús nunca mirará a otro lado, siempre responde amando. El amor se entrega y se abaja dónde está el otro.

El centurión se sitúa con humildad ante Jesús, no se siente digno de que entre en su casa.

Y se dirige a Jesús con una fe anclada en su experiencia de vida. Él sabe que si sus órdenes tienen poder sobre sus soldados, ¡cuanto más poder tiene la Palabra de Jesús!

Jesús alaba esta fe ante los que le seguían. Este centurión verdaderamente cree en Jesús, lo reconoce capaz de transformar el sufrimiento en Vida. Y sucede así, según ha creído, el criado se puso bueno.

Tras ello, Jesús cura a la suegra de Pedro, de modo que ella se levanta y comienza a servirle. Este es el movimiento de la Vida nueva que trae Jesús, su Palabra te pone en pie, te invita a tomar la vida en tus manos y a ser libre para servir y amar. La suegra de Pedro comienza a vivir por amor, al servicio de la comunidad.

La Palabra de Jesús tiene el poder de curar y expulsar demonios. Jesús no da la espalda a los dolores de este mundo, sino que se ha entregado por ellos.

¿Cuánto hay en mí de fe? Y esta fe, ¿De qué modo hace mi vida nueva?

F/Dominicos.org

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