Homilía XXIII Domingo TO

Año litúrgico 2020-2021 (Ciclo B)

Lectura 1: Is 35, 4-7a

Salmo: Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10

Lectura 2: Stg 2, 1-5

Evangelio: Mc 7, 31-37

Contemplamos en las Lecturas bíblicas de hoy la actuación de Dios en favor de la salvación de aquellos que están mal. La Lectura primera menciona el desborde de sanación. Habla de ciegos, cojos, mudos y sordos que dejarán de serlo. Incluso habrá abundancia en la tierra.

La Lectura segunda pertenece a la Carta a Santiago, cuyo contenido a veces se nos pasa de largo porque desconectamos la fe en Dios con la actuación responsable en favor de los necesitados de nuestra sociedad.

Esta Lectura nos dice, en una actualidad increíble para nuestros tiempos, que no nos transformemos en juzgadores inicuos al marginar a los pobres, a los empobrecidos.

Nuestras obras en favor de los necesitados hacen presente nuestra fe y amor en Dios sanador. A la vez hacen presente nuestra esperanza en que juntos colaboremos con el proyecto sanador de Dios para nuestro pueblo.

El Evangelio de hoy nos revela un itinerario de Jesús. Él lleva su mensaje salvador por diversas regiones, incluso más allá de su propia tierra. Y le piden que le imponga la mano a un sordo, que apenas si hablaba. Jesús se queda a solas con esta persona discapacitada, según parámetros actuales.

Jesús tendiendo su mirada al cielo, es decir, a Dios su Padre, logró sanarlo de manera inmediata. Al hombre se le abrieron los oídos y la lengua, y así pudo hablar adecuadamente.

Pero Jesús ordena, como sucede en otras ocasiones en el Evangelio según Marcos, que no dijeran a nadie sobre lo ocurrido; sin embargo la gente hacía lo contrario al mandato explícito del Señor.

La gente asombrada de la acción sanadora de Jesús decía que él “todo lo ha hecho bien”. La bondad de Jesús va en la línea de hacer oír a los sordos y hablar a los mudos. Es la actuación de Jesús en favor de gente muy necesitada.

Queda para nuestra meditación sondear en nuestro corazón cómo estamos en relación con los sufrientes de nuestra historia.

Hemos de ser creyentes pero igualmente también creíbles, es decir, nuestra actuación, nuestras actitudes y criterios como cristianas/os deben transparentar nuestra fe, esperanza y caridad.

Nuestro testimonio, con o sin palabras, pero siempre a través de nuestras actitudes han de dejar entrever qué clase de creyentes somos.

No sólo somos creyentes en Dios sin más, sino de manera primordial estamos tras los pasos de Jesús Nuestro Señor en nuestra propia situación de vida.

Estemos, pues, prestos a participar de la actividad sanadora de Jesús y actuemos en favor de muchos, teniendo presente a las personas con discapacidad como señalan las Lecturas bíblicas de hoy.

 Fr. Marco Nureña, OP

Radio San Martín Arequipa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *