Lunes 28 de Octubre de 2019. C. 30ª Semana T.0.
Lect. Flp. 2,5-12: Tengan los mismos sentimientos de Cristo; Sal 83: Dichosos los que viven en tu casa Señor; Jn 3,11-16: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
Jn 3,11-16: Jesús Nazareno, el Señor de los Milagros, sale a nuestro encuentro, en nuestras calles y pueblos del Perú. En esos morenos marginados, que formaron la cofradía en Pachacamilla, Lima, quisiste quedarse Jesús entre los esclavos y excluidos negros, entre todos los pobres y los que los siguen con sincero corazón, para enseñarnos el camino de la libertad y la verdad.
Desde la cruz sigues abriéndonos tus brazos con amor, ternura y misericordia para que veamos el rostro y la realidad de todos, para no discriminar a nadie, por razón de su raza, u origen. Sigues diciéndonos: Que sean uno como tú y yo Padre somos uno, que aprendan como discípulos que el amor es más fuerte que el odio, que la sed de justicia llegue a todos los pobres y desesperanzados, que el pan del trabajo, el pan de la fe y de la esperanza traiga la alegría a los pueblos por reconstruirse. Que cesen las confrontaciones, que se de una autocrítica sincera, entre los diferentes poderes del estado para lograr un país con un desarrollo sustentable, con ética. Que exista un acuerdo nacional, para mirar el futuro del país.
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna” (Jn 3, 16) Abre nuestras mentes y corazones, para acogerte cada día de nuestra vida. Te amemos con sincero corazón todos los días de nuestra vida y respetemos la dignidad de nuestros prójimos, siendo samaritanos, misericordiosos y solidarios.
Jesús, conviértenos en seguidores y misioneros, viviendo tu evangelio de la vida con alegría. Que en cada hogar aprendamos a perdonar: “para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Tantas veces nuestros errores, o la mirada crítica de las personas que amamos, nos han llevado a perder el cariño hacia nosotros mismos” (A.L. 107). Necesitamos valorarnos para saber alegrarnos con los demás: “Es decir, se alegra con el bien del otro, cuando se reconoce su dignidad, cuando se valoran sus capacidades y sus buenas obras” (A.L. 109)
Que nuestras comunidades, sean lugares de acogida y misericordia. Que sembremos los valores éticos de la honestidad, respetando el derecho y la justicia. Que podamos mirar cara a cara aquel Cristo pintado por manos morenas, que nos sigue recordando: “cuando el hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan la vida eterna (Jn 3,14-15).
Jesús Nazareno, Señor de los Milagros, cambia nuestras vidas, actitudes, danos fe y esperanza para saber elegir personas honestas, trabajadoras, que cuiden y protejan la creación y respeten los derechos de todos, por un país mejor. Amén.
Fr. Héctor Herrera, O.P.
