La Iglesia es la casa de reconciliación

Candida Shepherd, miembro del consejo de la parroquia, forma parte de la comunidad desde mediados del año 90. Se define como «orgullosa miembro de la Nación Metis de Alberta». «Estoy eternamente agradecida por la forma en que nuestra comunidad conecta la Espiritualidad de nuestros ancestros indígenas y nuestra profunda relación con el creador y mi recorrido católico», señaló.

Por su parte, Bill Perdue, presidente del comité de finanzas de la comunidad, creció en el barrio, se bautizó allí en 1963 y, desde entonces, «rindo culto aquí», aseveró. «Como persona de herencia mestiza, estoy orgulloso de vivir mi fe católica en una parroquia que reconoce y honra a mis antepasados indígenas e irlandeses», aseguró.

Los representantes explicaron que, en la actualidad, la Iglesia del Sagrado Corazón de los Primeros Pueblos es una comunidad étnicamente diversa que incluye a las numerosas Primeras Naciones de Canadá, a los metis, a los inuit y a los católicos eritreos, así como a los residentes del barrio McCauley de Edmonton. «Aunque está designada como una parroquia indígena, acogemos a todos los pueblos, ya que todos formamos parte del único círculo de la vida», sostuvieron.

“La reconciliación obrada por Cristo no fue un acuerdo de paz exterior, una especie de compromiso para contentar a las partes”, aclaró, y “tampoco fue una paz caída del cielo, que llegó por imposición de lo alto o por absorción del otro”, recalcó. “Es Jesús quien nos reconcilia en la cruz, en aquel árbol de la vida, como les gustaba decir a los primeros cristianos”, sostuvo el Papa.

Por último, las palabras de Francisco se conviertieron en plegaria: «Jesús, crucificado resucitado, que habitas en este pueblo tuyo, que deseas resplandecer a través de nuestras comunidades y nuestras culturas, tómanos de la mano y, también en los desiertos de la historia, guía nuestros pasos por el camino de la reconciliación. Amén».

Tras su discurso, todos los presentes rezaron el Padrenuestro, el Sucesor de Pedro impartió la bendición e intercambiaron regalos.

Al salir, el Pontífice bendijo la estatua de Santa Catalina Tekakwitha (1656-1680), la primera indígena canonizada en la Iglesia católica.

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