Lunes 05 de agosto de 2019 18ª Semana T.0.

Basílica de Sta. María la Mayor

Nm 11,4b-15: No puedo con este pueblo. Salmo 80: Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza. Mt 14,13-21: Denles ustedes de comer.

Mt 14,13-21 nos dice que Jesús sintió compasión por las multitudes hambrientas. Los discípulos le pidan que despida a la multitud para que vayan a comprar. Comprar significa volver a las leyes económicas que los ha tenido sometidos, así como hoy los mercados mundiales no les interesa el hambre del mundo, sino se rigen por el dinero.

Jesús quiere que sus discípulos, superemos esa mentalidad mercantilista y les dice: “Denles ustedes de comer” (v, 16). Él nos enseña a compartir, a la solidaridad, aún de lo poco que tenemos. Es un muchacho pobre, quien dona panes y pescado. De cinco panes y dos pescados, da gracias a Dios y da de comer a la multitud. Es la generosidad de Dios que nos da en abundancia.

Hoy podemos y debemos pensar que un mundo diferente es posible, si aplicamos la Palabra de Dios a nuestras vidas y las leemos en la realidad concreta con los ojos de fe: “El salmista describe con crudo realismo la actitud de los ricos que despojan a los pobres: «Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes» (cf. Sal 10,9). Es como si para ellos se tratara de una jornada de caza, en la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de volverse invisibles. Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus voces ya no tienen fuerza ni consistencia en la sociedad. Hombres y mujeres cada vez más extraños entre nuestras casas y marginados en nuestros barrios”.

La multitud hambrienta de pan y de Dios. Es el pobre que clama a Dios para revertir su situación. La pobreza es consecuencia de las injusticias sociales. “La descripción de la acción de Dios en favor de los pobres es un estribillo permanente en la Sagrada Escritura. Él es aquel que “escucha”, “interviene”, “protege”, “defiende”, “redime”, “salva”… En definitiva, el pobre nunca encontrará a Dios indiferente o silencioso ante su oración. Dios es aquel que hace justicia y no olvida (cf. Sal 40,18; 70,6); de hecho, es para él un refugio y no deja de acudir en su ayuda (cf. Sal 10,14). (JMP 2019. La esperanza de los pobres nunca se frustará)

Jesús sintió compasión ante las multitudes ¿Qué podemos hacer por el pobre y desvalido para satisfacer en parte el hambre de pan y de Dios?

Fr. Héctor Herrera OP.

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