Viernes 27 de Setiembre de 2019. 25ª Semana T.0.

Vicente de Paúl (1660)

Ag 2,1-9: Llenaré de gloria el Templo. Salmo 42: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: Salud de mi rostro, Dios mío”. Lc 9,18-22: ¿Quién dicen que soy yo?

Lc 9, 18-22: Jesús estaba orando y los discípulos se le acercan. Ellos aún no comprendían si él era el Mesías. El pueblo y los mismos discípulos tenían diversas concepciones del mesianismo de orden político y militar. Así como nosotros hoy queremos líderes que resuelvan los problemas, que nos den un puesto de trabajo, de acuerdo a nuestros intereses, también nos hacemos una imagen de Jesús a nuestra medida, que no cambie nuestras vidas.  Jesús nos pregunta hoy, como a sus discípulos ¿Quién soy yo para ustedes? Pedro responde: “Tú eres el Mesías de Dios”

Jesús, nos interroga ¿Quién soy yo para ustedes? Ser discípulo de Jesús, es conocerlo en su Palabra que nos da vida, una espiritualidad nueva, que nos haga redescubrir la cercanía de Dios, en el amor preferencial a quienes más lo necesitan. Basta acoger a una persona con amor, acompañarlo en medio de sus dificultades, ayudarle a crecer y a madurar como persona. Hacernos samaritanos el uno del otro, para comprender la dimensión profunda del amor de Jesús por nosotros y por nuestros hermanos, conocer la realidad y hacer propuestas concretas de acuerdo al evangelio. En esto conocerán que son mis discípulos, si ustedes se aman los unos a los otros (Jn 15,17)

Conocer a Jesús es amarlo y reconocerlo en el prójimo, lo que nos hará santos. “En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36). (Llamados a la santidad No. 95)

San Vicente Paul, decía: “Así pues, si dejas la oración para acudir con presteza en ayuda de algún pobre, recuerda que aquél servicio lo prestas al mismo Dios”.

¿Conoces y vives como Jesús?

Fr. Héctor Herrera op.

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