Martes 29 de octubre de 2019. C. 30ª Semana T.0.

Simón y Judas Tadeo, apóstoles (s. I)

Ef 2,19-22: Están edificados sobre los apóstoles. Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón Lc 6,12-19: Escogió a doce y los nombró apóstoles.

Hoy, en la Iglesia de Perú, celebramos la fiesta de Simón y Judas Tadeo, apóstoles del Señor.

Lc 6,12-19: Jesús pasó toda la noche en oración, comunicándose con Dios su Padre. Elige a sus discípulos para una misión y con ellos, forma, el nuevo pueblo de Dios

Los llama por su nombre para sanar a los enfermos y anunciarles la buena nueva con alegría, fe, y esperanza. Dentro de ellos están Simón el zelote, el rebelde, y Judas, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, a quien se le atribuye la última epístola católica. Su carta se caracteriza por la misericordia, la paz, la caridad.

San Judas, se le llama el santo de las causas imposibles y tiene una gran devoción en el pueblo. Lo más importante es descubrir nuestra fe en Cristo, como confesaron con su sangre ambos apóstoles Simón y Judas.

Que nuestra fe en Cristo nos lleve proclamar el reino de Dios en este mundo: sanando el corazón de la sociedad, urgiendo a crear formas de vida educativa, cultural, participativa más humana y honesta, donde todos trabajemos, cimentados en nuestra fe, sobre de los apóstoles. Teniendo una fe profunda en Jesús, que nos recuerda a todos que Él es la piedra angular de este edificio que es la Iglesia (cf. Ef.2, 19-22). Y como miembros de la Iglesia estamos llamados a dejarnos transformar por la Palabra de Dios para ser mejores cristianos que se aman unos a otros y que unidos trabajemos para construir un mundo de paz, de verdad, de reconciliación.

Cuando cada día oramos al Padre común recordemos que todos somos guardianes de la vida del uno por el otro y que Jesús espera que ayudemos cada uno, a cambiar el corazón del mundo con un rostro más humano, donde los pobres y excluidos puedan vivir una vida digna.

Oremos por nuestras familias, por los migrantes, por el cuidado y protección de la creación y para que pongamos nuestros dones al servicio del bien común.

Fr. Héctor Herrera, O.P.

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