Martes 12 de noviembre de 2019. C. 32ª Semana T.0.

Josafat, mártir (1623)

Sab 2,23–3,9: Dios creó al hombre a su imagen. Salmo 33: Bendigamos al Señor a todas horas. Lc 17,7-10: Somos solo sirvientes.

Sab 2,23-3,9: El autor escribe, durante la persecución de los Ptolomeos de Alejandría contra los judíos. Dios ha creado al ser humano para la existencia. El autor nos dice, no es Dios quien ha previsto, ni quiere la muerte. La vida humana no se destruye, se transforma. La vida de los justos está en manos de Dios (Comentario de Pablo Cardona)

Lc 17,7-10: La verdadera humildad está en reconocer que nuestra vida depende de Dios. Jesús enseña a sus seguidores: el servicio a sus hermanos. “El servicio es la actitud que caracteriza al creyente (cf /Mc/10/41-45; /Jn/13/12-15). Un servicio humilde, constante, sin desfallecer. Un servicio atento, minucioso. Y, una vez cumplido con esmero, la conciencia de haber hecho sólo aquello que era su obligación. Sin esperar, ni menos exigir, recompensa. Porque no se ha hecho nada especial. Porque sólo se ha cumplido con el propio deber. Tanto en el servicio a Dios como en el servicio al hermano, en que aquél se manifiesta y culmina (cf. 1 Jn 4. 20-21). (Comentarios Bíblicos-5 pág. 560)

El servicio en especial a los excluidos tiene que ser la atención de los seguidores de Jesús: “Cuánto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de Lázaro que es excluido y rechazado (cf. Lc 16,19-21). Es darle la espalda a Dios. ¡Es darle la espalda a Dios! Cuando el interés se centra en las cosas que hay que producir, en lugar de las personas que hay que amar, estamos ante un síntoma de esclerosis espiritual. Así nace la trágica contradicción de nuestra época: cuanto más aumenta el progreso y las posibilidades, lo cual es bueno, tanto más aumentan las personas que no pueden acceder a ello. Es una gran injusticia que nos tiene que preocupar, mucho más que el saber cuándo y cómo será el fin del mundo. Porque no se puede estar tranquilo en casa mientras Lázaro yace postrado a la puerta; no hay paz en la casa del que está bien, cuando falta justicia en la casa de todos.

¿Tenemos la valentía de amar y abrir los ojos a los que más sufren, los Lázaros de hoy?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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