Sábado 30 de noviembre de 2019. C. 34ª Semana T.0.
Andrés, apóstol (s. I)
Rom 10,9-18: La fe nace del mensaje. Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón. Mt 4,18-22: Dejaron las redes y lo siguieron.
Mt. 4,18-22 Jesús camina con el aire fresco y puro del mar de Galilea, rico en pesca, como era en otro tiempo el mar de Grau, en nuestro litoral, o en cualquier lugar del mundo. Es un joven maestro muy distinto a los de su época. Es él quien elige a sus discípulos. Va en busca de ellos, no entre los poderosos, sino en unos humildes pescadores. Los ve en plena faena de pesca, a Simón y a su hermano Andrés. Más allá a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo. Los invita a seguirlo. Dejan las redes y lo siguen (Mt 4,22). Juan y Andrés eran discípulos de Juan Bautista, él mismo les había dicho: “He allí el Cordero de Dios”. Lo siguieron.
Todos tenemos una misión en el seguimiento de Jesús, como misioneros, educadores, promotores de salud, del medioambiente, como padres de familia, investigadores, científicos, agricultores, en distintas misiones donde Jesús nos invita a hacer bien ese anuncio de que todo lo nuevo depende de cómo tú respondes a su llamado de amor.
Nuestra misión es cuidar nuestra tierra que es nuestra casa común. Algunos cristianos, no cuidan el medioambiente, se burlan. Les falta conversión ecológica. Vivir nuestra vocación cristiana para crear el reino de Dios con más humanidad nos exige “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” nos recuerda el Papa Francisco, en Laudato Sí.
¿Cómo respondemos al llamado de Jesús?
Fr. Héctor Herrera, o.p.

