Jueves 26 de diciembre de 2019. A. Octava de Navidad.

Esteban, protomártir (s. I). Ntra. Sra. de Andacollo

Hch 6,8-10; 7,54-60: Veo el cielo abierto. Salmo 30: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Mt 10,17-22: El Espíritu del Padre hablará por ustedes.

Mateo 10,17-22 nos presenta las persecuciones y dificultades que vivían las primeras comunidades cristianas en su seguimiento a Jesús. Así como la esperanza y la confianza en Jesús que nos dan los testigos de la fe con su martirio.

Esteban es el protomártir, primer mártir, confiesa su fe en Jesús como el Salvador que muere en la cruz, pero vive. Como discípulo y seguidor de Él, lo confesará en medio de la persecución. Hoy nuestra Iglesia, sufre persecución, en diversas partes del mundo, son víctimas del Estado Islámico, fanáticos que matan a los cristianos, varones, niños, mujeres, en Siria, Libia, Irak, Pakistán, Palestina. Otros son perseguidos por causa de la fe y del compromiso con los pobres, como sucedió durante el terrorismo en Perú, las dictaduras en Chile, Bolivia, Argentina, Brasil, El Salvador, Guatemala, entregaron su vida por Jesús y los pobres. Han sido testigos valientes por confesar que Jesús es el Señor de la vida y de la historia. O los que insultan al Papa Francisco que lucha por una fe más concreta y evangélica.

Los sacerdotes y los fanáticos judíos, cuando oyeron la confesión de Esteban: “Estoy viendo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios” (Hech 7,54) no soportaron sus palabras, cogieron piedras y lo mataron.

Misioneras, os, laicos, sacerdotes, dedicados a la promoción de la salud, educación, derechos humanos, defensa de la vida frente al poder opresor, movidos por el evangelio de Jesús defendieron a los pobres. Unos fueron matados en el altar desde la colonia, en Nicaragua, el obispo Antonio de Valdivieso, Mons. Oscar Romero, los mártires franciscanos Miguel, Zbigniew, el P. Sandro Dordi, la hermana Agustina, los mártires anónimos en Perú, A.L y El Caribe, catequistas, sacerdotes, comunidades cristianas. Hoy también existen los mártires que luchan en defensa de la Amazonía. Tenemos mártires, como Diana Isabel Hernández Juárez, agente de pastoral, P. Miguel Junyent, capuchino. El abogado del pueblo y de la Amazonía, Pablo Fajardo. Dilma Ferreira Silva, la Hna. Dorothy stang, entre otros.

El martirio es un nacimiento para la vida. La sangre derramada por Cristo detendrá el odio, la venganza, y la vida cristiana florece de nuevo y nace con nueva vitalidad, porque creemos en Aquel que con su muerte nos dio vida.

Fr. Héctor Herrera, o.p

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