Sábado 21 de diciembre de 2019. A. Feria privilegiada de Navidad

Pedro Canisio (1597)

Cant 2,8-14: Llega mi amado, saltando sobre los montes. Salmo 32: ¡Aclamen, justos, al Señor, canten un cántico nuevo! Lc 1,39-45: ¡Dichosa tú que creíste!

El Cantar de los Cantares es un «Cántico de amor». Es interpretado como el símbolo del amor de Dios a su pueblo. Relata la pasión de los prometidos, su ardiente deseo de encontrarse: el encuentro de dos corazones, el mutuo don de dos personas… dos seres que tratan de comprenderse, de estimarse, de amarse… Esta experiencia del amor humano es interpretada como el signo del amor de Dios por su pueblo. Dios viene al encuentro de su amada. «Levántate, amada mía, hermosa mía y vente». (Noel Quesson)

Lc 1,39-45: nos narra la alegría y el encuentro de dos mujeres que comparten su fe y alegría por el cumplimiento de las promesas de Dios a un pueblo humilde y sencillo, que lo acoge con alegría.

María es la itinerante, se pone en camino a la montaña de Ain Karen para apoyar y solidarizarse con su prima Isabel. Es portadora, caminante de fe, esperanza, alegría porque lleva en su seno al mismo hijo de Dios. Esta experiencia de la encarnación nos motiva a los creyentes a encarnar en nuestras vidas la misma Palabra viva que es Jesús. Se hizo uno de nosotros para que tengamos vida. Isabel se alegra y su hijo salta de júbilo, al sentir la presencia del Dios vivo.

En una sociedad patriarcal y machista como la nuestra, Dios cambia la historia de la humanidad, con dos mujeres valientes y decididas que aprenden a enseñarnos una buena nueva: Dios ha cambiado la historia de la humanidad por la libertad de los hijos de Dios. Dos mujeres de fe, proyectan a la humanidad, el plan de la salvación de Dios. Ya nada será igual, si nos proponemos valorar y acoger el proyecto de Dios.

María es la bendita entre todas las mujeres. En ella, Dios ha devuelto la dignidad a la mujer en igualdad de condiciones, derechos y deberes, para transformar una humanidad egoísta y machista, en una humanidad nueva, grata y generosa, que se alegra y fortalece su fe en el Dios de la vida y del amor. Aún más su fe, la hace firme y fuerte, porque nos enseña a creer contra toda desesperanza, que un mundo nuevo es posible si nosotros queremos hacerlo.

Isabel, nos enseña la fecundidad y gratuidad del amor de Dios. Ha pasado de la esterilidad del egoísmo y de las falsas promesas, a ser fecundos en el amor y en el respeto a Dios y a la humanidad. Es desde la sencillez y humildad donde Dios nos sigue hablando hoy.

¿Aprendemos de María, esa fe y solidaridad para con los más necesitados? ¿Nos preocupamos por las mujeres que son víctimas de la trata de personas en nuestra sociedad y en el país?

Fr. Héctor Herrera, o.p

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *