Martes 14 de enero de 2020. A. 1a Semana T.0.

Félix de Nola (260)

1Sm 1,9-20: El Señor se acordó de Ana. Interleccional 1Sm 2: Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador. Mc 1,21-28: ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús?

Mc 1, 21-28: Jesús entra en Cafarnaúm, aldea de pescadores, como cualquiera de nuestras caletas, a orillas del mar de Galilea. La gente se asombra de sus enseñanzas. ¡Cómo deberíamos hoy los cristianos dejarnos enseñar por Jesús, asombrarnos y hacer nuestras sus palabras de vida! La gente distingue muy bien en lo que enseñaban los letrados. No estaban ni ellos mismos convencidos, se basaban en la Ley, pero eran ciegos, se habían apartado de Dios por la corrupción e incoherencia. Mientras que Jesús enseñaba con autoridad. Su Palabra era validada por su testimonio de vida, verdad y claridad que produce un cambio en la vida de sus oyentes.

En la sinagoga había un hombre enfermo. Estaba poseído del espíritu malo. No habían podido vencerlo porque no combatían al mal. El hombre grita ¿Qué tienes que ver con nosotros Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé que eres: ¡el consagrado de Dios! (Mc 1,24)

Es el grito de algunos que rechazan a Jesús, porque no quieren ser sanados de sus heridas, de los que no quieren escuchar la voz del santo de Dios, ni escuchar de amor, de justicia, de libertad, menos de paz. Se sienten destruidos por la presencia de Jesús. Y es que el triunfo del bien sobre el mal está ya en el corazón del mundo. ¡Cállate y sal de él! (v.25) Lo increpa Jesús.

Jesús cambia nuestra vida, derrota al mal con la autoridad que viene de Dios. Es la misión que nos da a los creyentes derrotar a las fuerzas del mal, con el poder y la misericordia de Dios.

¿Somos capaces de ser coherentes en nuestra vida personal y comunitaria? ¿Nos dejamos liberar por Cristo y ayudar a que los demás se liberen de los males que los aquejan?

Fr. Héctor Herrera O.P.

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