Miércoles 29 de enero de 2020. A. 3ª Semana T.0.

Pedro Nolasco, fundador (1258)

2Sm 7,4-17: Afirmaré después de ti la descendencia. Salmo 88: Le mantendré eternamente mi favor. Mc 4,1-20: Salió un sembrador a sembrar.

Mc 4,1-20: Jesús, como el buen sembrador, quiere que su Palabra de fruto abundante. Él siembra la Palabra en nuestro corazón (Mc 4,1-20) para que cambiemos desde nuestro interior y lo vivamos en nuestra conducta. La semilla, es su Palabra, nos da vida, fe, esperanza. Pero el terreno que es nuestro corazón tiene que estar dispuesto a acogerla para que germine en nuestra vida.

Jesús siembra su Palabra, a través de toda historia humana. Quienes la acogen con alegría, la escuchan y la reciben dan fruto al treinta, setenta y cien por uno (v.20).

Vivimos en un mundo de la eficacia y rapidez. Nos cuesta tener paciencia y esperar. Sembrar la Palabra de Dios, exige esfuerzo para ir cambiando no solo las estructuras mentales, sino las estructuras sociales, políticas, educativas, religiosas. Es el trabajo paciente de Dios que va modelando nuestro corazón, que la Palabra viva de su hijo de frutos. En primer lugar en el hogar, donde los padres acompañan a sus hijos en todo el proceso de maduración, al mismo que se van formando en las nuevas técnicas de comunicación para saber orientarlos. Lo mismo pasa con un maestro. Es el que siembra los valores del evangelio para que los proyecte a la sociedad, y crear comunidades que producen frutos de vida en el respeto y encuentro con las personas.

¿La Palabra de Dios, es fuente de vida de la cual te alimentas día a día para ser mejores personas?

Fr. Héctor Herrera O.P.

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