Viernes 14 de Febrero de 2020. A. 5ª Semana T.0.

Metodio (885) y Cirilo (869)

 1Re 11,29-32; 12,19: Se independizó Israel. Salmo 80: Yo soy el Señor Dios tuyo, escucha mi voz. Mc 7,31-37: Hace oír a los sordos.

Mc 7,31-37: Jesús continúa su misión en la región pagana de Tiro y Sidón. Él es el evangelio vivo que cambia, transforma nuestra vida si abrimos nuestro corazón a la Palabra de Dios. Su palabra va acompañada de gestos, tienen por finalidad integrar a las personas a la comunidad, que las excluye.

Todos nos comunicamos a través del oído y de la palabra, escuchándonos y hablando. Una persona madura y crece a través de la comunicación. Saber hablar y saber escuchar al otro, es lo que construye una familia. Esto nos hace crecer como comunidad humana.

Le presentan a Jesús, un varón sordo y tartamudo y le suplican que le imponga las manos (Mc 7,32). Lo apartó de la gente y a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva, levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Éfeta, ábrete” (33-34)

Jesús abre nuestros oídos a su Palabra de vida, para saber descubrir y valorar el sentido de nuestra vida y para comunicar que Dios es amor, vida, verdad, libertad. Con nuestra lengua poder alabar, bendecir y predicar que el Dios en quien creemos quiere nuestra realización y maduración como personas.

El Papa Francisco, nos recuerda: “Aquí están las dos culturas opuestas. La cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro: el encuentro con Jesús, que abre a la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite puede construir relaciones fraternas y solidarias, en la Iglesia y en la sociedad.» (Discurso de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2014).

Fr. Agustín Evans, o.p. dedicó su vida a niños, adolescentes y jóvenes especiales. Fundó un centro de educación especial para sordomudos. Salieron excelentes carpinteros, mecánicos y otros oficios, porque se sintieron reintegrados a la comunidad.

Una mamá me decía: sentía rechazo por mi hijo discapacitado. Cuando conocí el amor de Dios aprendí a amarlo y agradecer, por esta cruz que la llevo con alegría. Aprendió a incluirlo por amor. Tú puedes hacer lo mismo acoger y valorar a las personas.

Fr. Héctor Herrera o.p.

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