Sábado 29 de Febrero de 2020. A. Sábado después de Ceniza
Albino (549)
Is 58,9b-14: Cuando partas tu pan, brillará tu luz. Salmo 85: Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Lc 5,27-32: He venido a llamar a los pecadores.
Isaías 58,9-14. El Señor te responderá, cuando tú elimines el gesto amenazante y la palabra maligna, si compartes el pan con el hambriento y sacias al que vive en la penuria, entonces se alzará la luz en las tinieblas y la oscuridad será como el mediodía.
Lc 5,27-32. Jesús nos muestra el rostro misericordioso y compasivo de un Dios que quiere no la muerte del pecador, sino que éste se convierta y viva (Ez 33,1)
Jesús, se distancia de ese desprecio religioso y social de su tiempo, que excluía a los cobradores de impuestos, por ser colaboracionistas del imperio de Roma. Se acerca a Leví y le dice: Sígueme. Por primera vez este varón se sintió amado y acogido. Este acomodado recaudador, lo dejó todo y le ofreció un banquete, signo de comunión. Cambió de vida y se le unió al grupo de discípulos.
Jesús nos habla con amor y libertad, porque su reino de amor y de compasión ha llegado a nosotros. Se da cuenta que los excluidos y marginados lo seguían, mientras los piadosos, los que se creían más religiosos, lo atacaban y no pararon hasta darle muerte de cruz.
A veces nosotros, juzgamos a las personas, según cumplan ciertas normas y nos olvidamos que lo más importante es acercarnos como Jesús a las personas, para promoverlas y ayudarles a crecer, a madurar en la fe, acoger los valores del reino de Jesús: el amor, confianza, tolerancia, acogida, justicia, y solidaridad.
Vivimos a veces, enfrentados por divisiones políticas, económicas, religiosas, educativas, discriminados a las personas. No se valora a la mujer, al anciano, al pobre, al niño, a, al que está a tu lado, al que necesita de tu ayuda.
Jesús, se acerca a la persona, dialoga, y lo cambia. También tú puedes cambiar deactitud y ayudar a cambiar a los demás. Leví o Mateo, cambió su vida, porque sintió el amor y la presencia de un Dios tan humano y tan divino.
Fr. Héctor Herrera o.p.

