Lunes 06 de Abril de 2020. A. LUNES SANTO

Ceferino Agostini, fundador (1896)

Is 42,1-7: Sobre Él he puesto mi espíritu. Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación. Jn 12,1-11: María ungió los pies de Jesús.

Hoy Lunes Santo, el profeta Isaías nos presenta el primer cántico del Siervo de Yahvé, el elegido de Dios, quien lleno del Espíritu Santo, es enviado a llevar “la justicia y el derecho a las naciones. Yo te he formado para abrir los ojos a los ciegos, liberar a los cautivos”. Isaías nos presenta a un siervo humilde, que cumple la voluntad de Dios.

Jn 12, 1-11. Jesús comparte la amistad con sus amigos de Betania” La Casa del pobre”: Lázaro, Marta y María. Eran seis días antes de la Pascua y le ofrecen un banquete.

María, hermana de Lázaro toma un perfume costoso y le unta los pies, en señal de amor y de agradecimiento. Judas Iscariote se queja y dice: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientas monedas para repartirlas entre los pobres” (v, 5)? Judas lo dice, no porque le preocuparan los pobres, sino que robaba lo que ponían en la bolsa. Esta actitud negativa puede suceder hoy en día, quitarles a los pobres, aun lo que necesitan para sobrevivir.

Jesús va mucho más allá. “Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura” (v.7). Quiere decir que está ya próximo a su muerte y que lo ha hecho María, es un gesto profundo de preparar su cuerpo para su lucha definitiva contra el poder del maligno. Su muerte será el triunfo de la vida.

“A los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre tendrán” (v. 8). Jesús nos enseña a amar a los pobres, a quienes debemos anunciar el  llamado de Dios, a crecer como personas, superando los egoísmos y divisiones. Confiar en Dios y en los pobres, es desapegarnos de lo material para compartirlo. Allí está la verdadera promoción de un mundo más justo y equitativo. Jesús es fuente de vida y de cuestionamiento de toda nuestra realidad personal y comunitaria. Las autoridades judías piensan sólo en darle muerte. Porque Él es la luz para los pueblos que nos lleva a practicar el derecho y la justicia para con los más débiles.

El signo de la resurrección de su amigo Lázaro es señal que Dios ha llegado al corazón de la humanidad. Pero no lo reconocieron. Tanto a Lázaro como Jesús debían morir, porque así lo planearon sus enemigos. Hoy también se quiere desaparecerlo, cuando nos sentimos cuestionados en nuestra vida personal y en las estructuras de la sociedad.

Acompañemos a Jesús en este camino a la entrega total, con un cambio profundo de mente y de corazón para que Él crezca en tu corazón, en tu hogar, en tu trabajo, en el lugar donde tú vives y trabajamos. Trabajemos para que el mundo crea que él vive, por nuestro testimonio de vida.

Fr. Héctor Herrera OP.

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