Martes 19 de Mayo de 2020. A. 6ª Semana de Pascua

María Bernarda Bütler (1924)

Hch 16,22-34: Cree en Jesús y te salvarás. Salmo 137: Señor, tu derecha me salva. Jn 16,5-11: Si no me voy, no vendrá el Defensor.

Jn 16,5-11, Jesús se despide de sus discípulos y éstos están tristes. Su misión está cumplida. Jesús nos da aliento y alegría. El promete enviarnos al Defensor para rebatir las mentiras de este mundo.

Jesús había sido el centro de las persecuciones. En adelante serán sus discípulos. Ellos se sienten perdidos sin Jesús. Él nos sigue diciendo no tengan tristeza. Yo estaré con ustedes. Mi espíritu continuará mi misión. Los discípulos tenemos la misión de anunciar a Cristo Resucitado.

Ser testigo de Jesús nos lleva a preguntarnos. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Modifica mi conducta, mi vida, me da la fuerza para luchar contra los engaños de este mundo?

El Espíritu Santo nos da la fuerza para amar a Jesús. Los discípulos aprendemos su mensaje de amor, cuando él entregó su vida por nosotros. El mundo juzgó a Jesús y lo condenó a muerte. Los poderosos de su tiempo condenaron y le quitaron la vida al justo.

Como Iglesia de Jesús, somos una comunidad de profetas: que denuncian la mentira y falsedad de este mundo: la falta de respeto por la vida, la destrucción del medio ambiente, la violencia, la sed de negarse a reconocer el proyecto de Dios: que es amarse unos a otros.

El Espíritu Santo está allí, donde los cristianos asumen su misión de ser anunciadores y creadores de una buena noticia, que toca las realidades profundas del ser humano: El amor que crece y se desarrolla en la familia en una íntima comunión con Dios. Por sus frutos los conocerán. Si en un hogar: hay cariño, comprensión, espíritu de fraternidad, veracidad, aprecio y respeto, un niño (a) aprenderá a amar y valorar al otro.

Alegrémonos hermanos: tenemos el Espíritu de la Verdad, que nos libera de toda esclavitud personal, comunitaria o externa, si vivimos en serio el seguimiento de Jesús.

¿Trabajamos positivamente para que el Espíritu de Dios actue en lo profundo de nuestro corazón y la mente de todos?

Fr. Héctor Herrera OP.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *