Sábado 06 de Junio de 2020. A. 9ª Semana T.0.

Marcelino Champagnat, fundador (1840)

2Tim 4,1-8: Cumple tu tarea. Salmo 70: Mi boca cantará tu auxilio, Señor. Mc 12, 38-44: Esa viuda ha dado más que todos.

Mc 12, 38-44: Jesús nos llama la atención: “Cuídense de esos maestros de Ley, les gusta pasear con sus amplias vestiduras. (v.38). Muchas veces la tentación de la Iglesia es ser saludados, títulos honoríficos, privilegios. Jesús toca nuestro corazón para que volvamos a ser una Iglesia sencilla, solidaria, compasiva. Nos pone como ejemplo, no a los ricos, que se ufanarían por donar de sus riquezas, sino como ejemplo a una viuda pobre que da todo lo que tenía. Así es la generosidad de los pobres, que dan de comer, aun de lo poco que tienen.

Una mujer viuda y pobre tenía sólo su casa, parte de ella la alquilaba, la codicia de un inquilino con influencia le quitó lo poco que tenía. Jesús hoy nos hace reflexionar sobre los corruptos y estafadores que por mezquinos intereses devoran los bienes de las viudas. Y los que más tienen más quieren tener, no les importa la vida ni los derechos de los pobres. Hoy vivimos una pandemia, pero los monopolios hacen que la medicina se duplique en los precios, sin sensibilidad para los enfermos de coronavirus. Eso es contrario al evangelio. La subida de precios, el acaparamiento y la extorsión contra los pobres, más empobrecidos por ese virus es contrario al evangelio de Jesús.

En la historia de la Iglesia, vivieron varones evangélicos como San Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas: “Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar» es la misión de sus Hermanos, y la escuela es para él lugar privilegiado para la evangelización. Al ver a un joven de 17 años, a punto de morir y que no conocía a Dios, lo movió a fundar un grupo de maestros dedicados a la instrucción cristiana de los niños del campo. El 2 de enero de 1817, sólo seis meses después de llegar a la parroquia de La Valla, el joven coadjutor Marcelino, de 27 años de edad, reúne a sus dos primeros discípulos: Acaba de nacer, en medio de la mayor pobreza, humildad y confianza en Dios, la congregación de los Hermanitos de María o Hermanos Maristas, bajo la protección de la Santísima Virgen. Forma a sus Hermanos, preparándoles para su misión de maestros cristianos, de catequistas y de educadores de los jóvenes, y se va a vivir con ellos. Es consciente de las inmensas necesidades de la juventud de los ambientes rurales, logra convertir a los jóvenes campesinos que viven con él en apóstoles de Cristo y de María. En seguida empieza a abrir escuelas, y pronto la casita de La Valla, ampliada con el trabajo de sus propias manos, se queda pequeña. Los ayuntamientos no dejan de pedir que les envíe Hermanos para que trabajen en la instrucción y educación cristianas de los niños de sus municipios. Marcelino fue un gran educador de la juventud pobre por su humildad, fe y devoción a María.

Fr. Héctor Herrera OP.

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