Evangelio del día Miércoles 28 de octubre de 2020. Semana 30 T.O.

Simón y Judas Tadeo, apóstoles (s. I)

Ef 2, 19-22 Están edificados sobre los apóstoles

Salmo 18:

Lc 6, 12-19: Escogió a doce

Jesús pasó toda la noche en oración en comunicación con Dios su Padre. Va a elegir a sus discípulos para una misión y conformar con ellos el nuevo pueblo de Dios.

Los llama por su nombre para sanar a los enfermos y anunciarles la buena nueva con alegría, fe, y esperanza. Dentro de ellos están Simón el zelote y Judas, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, a quien se le atribuye la última epístola católica. Su carta se caracteriza por la misericordia, la paz, la caridad.

San Judas, se le llama el santo de las causas imposibles y tiene una gran devoción en el pueblo. Lo más importante es descubrir nuestra fe en Cristo, como confesaron con su sangre ambos apóstoles Simón y Judas.

Que nuestra fe en Cristo nos lleve a la construcción del reino de Dios en este mundo: sanando el corazón de la sociedad. Teniendo una fe profunda en Jesús, que nos recuerde a todos que Él es la piedra angular de este edificio que es la Iglesia. Y que como miembros de la Iglesia estamos llamados a dejarnos transformar por la Palabra de Dios para ser mejores cristianos que se aman unos a otros y que unidos trabajemos para construir un mundo de paz, de verdad, de reconciliación.

Cuando cada día oramos al Padre común recordemos que todos somos guardianes de la vida del uno por el otro y que Jesús espera que ayudemos cada uno a cambiar el corazón del mundo con un rostro más humano, donde los pobres y excluidos puedan vivir una vida digna. Que el testimonio de vida de los apóstoles nos haga mensajeros de la Buena Noticia de Jesús para ser transformados en templos vivos de Dios. ¿Eres discípulo y misionero de Jesús?

ORACION AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Jesús Nazareno, Señor de los Milagros, te damos gracias, porque tú eres la Palabra viva del Padre. “Tú eres la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9).

Que no hagamos nada por interés, sino que tengamos los mismos sentimientos tuyos: “quien, a pesar de su condición divina, no hice alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres y mostrándose en figura humana se humilló, se hizo obediente hasta la muerte y una muerte en cruz.

Por eso Dios lo exaltó y le concedió un nombre superior a todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo, la tierra y el abismo; y toda lengua confiese: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *