Martes 10 de noviembre de 2020. Semana 32 T.0.
León Magno (461)
Tit 2, 1-8.11-14 Lleven una vida digna
Salmo 36:
Lc 17, 7-10: Hemos cumplido nuestro deber
Jesús nos enseña que el discípulo tiene que servir con generosidad y amor a Dios y a sus hermanos. Él nos llama a una misión aquí y ahora a través de diversos dones que nos ha confiado. A unos en el ministerio de la enseñanza, la salud, sanar a los enfermos, aliviar a los tristes deprimidos, catequizar, comunicar las buenas nuevas, en obras sociales y comunitarias.
¿Tendrá Dios que agradecernos por lo que hacemos o nos encomienda? Al contrario, nosotros estamos llamados a ser agradecidos. Cuando hayamos cumplido nuestra misión sea como padres y madres de familia, religiosas, os, laicos comprometidos en diversas actividades en la construcción del reino. Cuando hayamos trabajado en defensa de la vida desde su gestación, crecimiento y en el atardecer de la vida. Cuando sembramos en el corazón del mundo el valor y el respeto por la vida, el cuidado de la creación, de nuestra casa común. Cuando la comunidad se organiza para defender la seguridad y protección del ciudadano. Cuando vigilamos a nuestras autoridades, tomando iniciativas para proteger y defender los derechos y deberes de los ciudadanos. Cuando todas estas actitudes surgen desde la fe en Cristo por crear un mundo con rostro más humano, cimentados en la caridad de Cristo, podemos decir: “Somos simples sirvientes, solamente hemos cumplido nuestro deber” (Lc 17,9).
Este ejemplo de amor y de servicio como Iglesia, nos lo dio San León Magno, cuando nos recuerda: “En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad”. Como Iglesia necesitamos orar por la Iglesia perseguida en medio oriente, por los que sufren, por nuestra conversión para ser humildes y sencillos como nuestro maestro Jesús.

