DOMINGO 33 T.O. CICLO A. D. 15.11.2020 MT 25, 14-30
Pasa al banquete de tu Señor
Muchas veces Jesús toma situaciones de la vida cotidiana para hablar del Reino de Dios, se trata de situaciones en las que se despliegan las luces y las sombras del corazón humano, misterio que Dios bien conoce. Esas relaciones que acontecen en el día a día y que pueden suceder en la casa, en el trabajo, en la calle, y que aunque parezcan comunes se convierten en reveladoras de algo más. Cuando Jesús toma esos ejemplos generalmente muestra las contradicciones, las paradojas, las grietas que hacen posible que emerja algo nuevo, porque el Reino de Dios convive con otros poderes opacos, mezquinos, pero inexorablemente su llegada ha desencadenado también el final y el agotamiento de lo viejo.
El Reino esta siempre llegando por eso podemos decir que es como los dolores del parto, es como la vida que urge abriéndose paso porque algo nuevo está naciendo. Cuando llega la hora la mujer embarazada no puede retener el proceso que se ha desencadenado en su cuerpo, porque no depende solo de ella sino principalmente depende de la fuerza de la vida que viene: es el niño que puja por nacer. Así también hay en nosotros una creatividad que puja por dar a luz un mundo nuevo por entre las grietas del mundo viejo que se derrumba en su propia sombra.
El sirviente inútil de la parábola está representando esa lógica vieja, especulativa, calculadora, miedosa, individualista y mezquina que apenas piensa en sí mismo y en su salvación. Lo domina el miedo a perder lo que tiene, lo poco que tiene comparado con la inmensidad de la gracia que se le ofrece y que ciegamente rechaza. Bien dice Pablo en la carta a los Romanos que toda la creación gime con dolores de parto esperando la gloriosa manifestación de los hijos de Dios, esas nuevas creaturas que surgen cuando dejamos atrás al hombre viejo, a la mujer vieja, que nos venden las modas, la publicidad, el consumismo y las viejas estructuras de este mundo.
Hoy es un buen día para reflexionar si damos lugar a la creatividad, a la imaginación, si nos dejamos interpelar por los nuevos sujetos emergentes que se manifiestan a nivel social y cultural, de forma contracultural a veces. O si estaremos olvidándonos de ser levadura en la masa. O mucho peor, si como comunidades de fe, acaso nos estaremos convirtiendo en el servidor inútil, enterrando nuestro valioso talento recibido por temor a perder algún vetusto protagonismo en la historia.
F/ Editorial Claretiana

