Miércoles 02 de diciembre de 2020. I semana de Adviento. I semana de Adviento

Bárbara, mártir (s. IV)

Is 25, 6-9 El Señor dará una fiesta

Salmo 22:

Mt 15, 29-37: Jesús sana a muchos enfermos

¿Quién es este Jesús que a orillas del mar de Galilea atrae a multitudes? Tullidos, lisiados, ciegos, sordomudos, todos acuden a él. Porque su Palabra cala en lo más profundo de su corazón y de su mente y tiene un efecto sanador, que produce alegría. Es como si de pronto estos excluidos han encontrado una nueva forma de vivir y de mar por la fuerza sanadora de Jesús, como ya lo había anunciado el profeta Is.35, 5ss.

Si hoy comprendiéramos este don de Dios, manifestado en su hijo Jesús. Si nos admiráramos como aquellas multitudes de la fuerza sanadora de Jesús para sanarnos de nuestros egoísmos, indiferencias, haríamos las cosas mejor cada día.

Jesús como el buen pastor, escucha, observa, dialoga con las multitudes y busca soluciones a una vida más profunda. Se da cuenta que eran multitudes hambrientas. Les dice a los discípulos denles de comer. Y de siete panes y dos peces da de comer a la gente, la comida es signo de alegría, de solidaridad, símbolo de la eucaristía, que nos da fuerza para vivir la fe.

En este gesto de tomar el pan y dárselo a sus discípulos nos enseña el gesto más profundo de darse a sí mismo y de compartir. Satisfacer el hambre no solo de pan, sino el hambre de Dios. Cuando nosotros cristianos influyamos en las estructuras políticas, económicas, educativas, socioculturales de la comunidad, contribuiremos a impregnar de ese sentido profundo de compasión, amor y solidaridad del Dios vivo que ya anunciaba Is.25, 6-10 “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Celebremos y festejemos su salvación” (v. 9).

(+) Fr. Héctor Herrera op.

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