Miércoles 16 de marzo de la Segunda semana de Cuaresma
Lectura del libro de Jeremías 18, 18-20
Sal 30, 5-6. 14. 15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28
Lo hemos oído tantas veces, que ya no nos sorprende. De no conocer el relato de este evangelio, de la muerte y resurrección de Jesús, nuestra sorpresa sería monumental. ¿Por qué condenan a muerte a Jesús? Sus palabras, su vida ¿incitan al odio, a la subversión, a la injusticia, al enfrentamiento de unos contra otros, a la guerra? Cómo es posible que el mismísimo Hijo de Dios, el que nos ha demostrado un amor claro y rotundo, el que, despojándose de su condición divina, se ha llegado hasta nosotros buscando siempre servirnos y no ser servido, ofreciéndonos la mejor noticia para los hombres, la noticia de cómo vivir nuestra vida para disfrutar de la chispa de felicidad que nos es dado en esta tierra y la felicidad total después de nuestra muerte… cómo es posible que los hombres, las autoridades de entonces, lograran matarle colgándole de una cruz como un malhechor? Es verdad que en nuestro tiempo recibimos casi todos los días noticias raras, como que un muchacho de quince año mata a sus padres y a un hermano de diez años, y no nos cabe en la cabeza y nos estremecemos de arriba a abajo… pero ¿cómo reaccionamos ante la noticia más sorprendente y estremecedora que se ha producido en la humanidad, la noticia de la muerte de Dios, del Hijo de Dios, el que vino a mostrarnos su gran amor y su mensaje luminoso, por parte de los hombres?
F/DOMINICOS.ORG

