Jueves 17 de diciembre de 2020. III semana de Adviento

Lázaro (s. I)

Gn 49, 2.8-10 El cetro no se apartará de Judá

Salmo 7 1: Que todos los pueblos de la tierra se postren ante ti, Señor.

Mt 1, 1-17 Genealogía de Jesucristo, hijo de David

Jacob, se encuentra en Egipto con sus hijos, ya cercano a la muerte, les imparte su bendición, que es su herencia. Con las palabras de la bendición de Dios, les rebela la palabra profética. Un descendiente de Judá reinará no sólo sobre las demás tribus del pueblo elegido, sino sobre todas las naciones. A través de los siglos, de las dificultades y de los fracasos de la historia se ha mantenido esa sorprendente esperanza: ¡un «salvador» nacerá de la familia de Judá! (Mateo 2,6).

Mateo vincula el nacimiento de Jesús a la historia entera de su pueblo, resumida y sabiamente caracterizada en la “genealogía”. Después pone constantemente su relato en relación con las escrituras judías del AT, introduciendo su tema favorito del “cumplimiento” de estas escrituras en la historia de Jesús (1,22; 2,5.15.17.23). En fin, desde el comienzo de su narración hace aparecer las implicaciones públicas, políticas e incluso internacionales de este nacimiento.

Él nació en una familia, cuyos ascendientes las coloca el evangelista Mt 1,1-17 en 14 generaciones. En Jesús confluyen la historia de la humanidad y las promesas. Es en esta historia humana donde se realiza la salvación en los amigos de Dios Abraham, Moisés, David.

Mateo nos presenta que Jesús está conectado a la historia humana. En su genealogía hay gobernantes, campesinos, esclavos, prostitutas, pecadores públicos, gente generosa y buena. Él ha venido para acogernos a todos y para indicarnos un nuevo nacimiento, una vida feliz que exige esforzarnos para hacer nueva esta historia humana. Al acercarnos al nacimiento de Jesús, renazcamos con Él a una nueva vida de armonía, de trabajo y esfuerzo para sembrar el amor que vence al odio y al rencor.

Mateo pretende convencer a los judíos que Jesús es el Mesías, perteneciente a la tribu de Judá y a una familia determinada. Por tanto, descendiente de Abraham y del rey David, cumpliéndose así las escrituras.

¿Cómo somos de Cristo hoy? ¿Cómo se da este vínculo y esta pertenencia a una familia de creyentes que acogemos y aceptamos a Cristo en nuestras vidas?

Jesús se encarnó dentro de una historia humana concreta para enseñarnos una nueva historia de que en Él hemos sido hechos hijos de Dios, que Él nos libera de toda esclavitud de pecado que divide para unirnos con su amor que vence toda división y odio y hacer de la humanidad un solo pueblo unido por el amor, el respeto, la justicia y la paz. Dio su vida y se hizo uno de nosotros para crecer en el amor.

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