SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD. CICLOS B. C. 03.01.2021. Mt 2, 1-12

EPIFANÍA DEL SEÑOR

La Historia de la Salvación es una realidad abierta a todos los hombres y mujeres sin distinción de raza, cultura, idioma, religión. Dios, según la experiencia judeo-cristiana, se revela a toda la humanidad. Los Profetas lo anunciaron y lo fueron indicando a lo largo de la historia. Dios tiene, según la experiencia bíblica, un deseo de manifestar su salvación, es decir, su proyecto de humanidad, a todo hombre y mujer sin restricción alguna. El profeta Isaías nos recuerda que todos los pueblos de la tierra verán la luz de Aquel que llega. El Apóstol Pablo también deja claro que los “paganos”, aquellos que en otro tiempo fueron considerados “malditos”, son herederos de las promesas. En Jesús, Dios da su palabra definitiva. En Él, Dios salva a toda la humanidad, sin límite alguno. A toda la humanidad alcanza la salvación de Dios. Muchas veces a los hombres y mujeres de religión les cuesta entender esta antilógica de Dios.

Hoy la Iglesia recuerda la “manifestación” de Dios a través de la persona de Jesús de Nazaret. Dios se manifiesta de manera plena y total a través de Él. En Jesús, la salvación llega a todo hombre, a toda mujer, a toda cultura, a toda religión. Por ello la fiesta de este domingo se denomina “Epifanía”. Esta palabra viene del sustantivo griego epiphaneia. Es de ese sustantivo de donde aparece el verbo epiphaino = “Manifestarse”. Ese es el gran misterio de Dios: su manifestación real y total a la humanidad. Dios entra en la historia, aparece en el mundo, asume la complejidad humana de una manera real. Dios se manifiesta en, desde y por amor. Y es en el amor donde Dios mismo está dispuesto a perder para poder acercarse de manera real a aquellos que han sido excluidos por los sistemas de poder y por las religiones.

Lo tremendamente fascinante de la fiesta que celebramos es que nos recuerda de manera fuerte que Dios no se manifiesta siguiendo la lógica de una religión o cerrando las vías de accesos a los otros pueblos y culturas. Dios rompe todo el esquema de lógica marcada por la tradición. El Evangelio nos presenta un relato sorprendente. Nos dice que unos sabios venidos de Oriente vienen en busca de un pequeño niño, que revela al Dios vivo y verdadero. Dios asume la pequeñez, la vulnerabilidad, la fragilidad de un pequeño niño y revela todo su misterio de amor a través de él, mostrándose a los que para la religión no son sujetos de salvación. La salvación es para todos. Nadie está excluido de ella. Nadie está por fuera del amor del buen Padre Dios y de la propuesta de humanización hecha por Jesús de Nazaret.

F/ Editorial Claretiana

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