Jueves 14 de octubre de 2021.Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 28º

Rom 3,21-30: Se es justificado por la fe

Salmo 129: Perdónanos Señor y viviremos

Lc 11,47-54: Son cómplices de lo que hicieron sus padres

La fe y las obras en Cristo Jesús

Podemos decir que a los que hemos sido cristianos desde siempre, desde nuestro nacimiento y bautismo, no nos va vitalmente esta lectura de San Pablo. Desde nuestro inicial encuentro con Cristo, sabemos y experimentamos que nuestra salvación nos viene por él. Nos ha ofrecido su amistad, y, desde ahí, la amistad con Dios, su Padre. En la fe en Cristo, en la amistad con él, descansa todo nuestro edificio. Una fe que nos lleva a vivir como Cristo nos ha pedido y ahí están nuestras obras, vivir como Cristo vivió, con sus mismas actitudes. Nunca nos hemos planteado las obras de la ley judía.

Pero san Pablo vivió en otros tiempos, en la época de la primitiva comunidad de seguidores de Jesús, en la que algunos provenían del judaísmo habiendo vivido la ley judía con sus muchos preceptos. San Pablo les recuerda que nuestra justificación, nuestra salvación, nuestro estar a bien con Dios, nos viene de la fe en Cristo, de dejar que Cristo sea el dueño y señor de nuestro corazón y él nos empujará a caminar por su mismo camino, a realizar las mismas obras que él realizó,

Lo nuestro, no son las obras de la ley judía, es la fe en Cristo, es aceptar gustosos la amistad que él nos brinda y a vivir consecuentemente con esa amistad en nuestro obrar y vivir.

Algunas lamentaciones de Jesús

Sigue Jesús descubriendo la verdad, más bien la mentira, de los fariseos y de los juristas, con dos nuevos “ayes”. Se lamenta Jesús que levanten mausoleos a los profetas cuando fueron sus padres quienes les mataron… aprobando así lo que ellos hicieron. Por desgracia, la muerte de los profetas, de los que hablan en nombre de Dios, por parte del pueblo a quienes se dirigen, es una constante en la historia religiosa, que llega su punto culminante cuando las autoridades judías matan a Jesús, al mismo Hijo de Dios, el que vino a ofrecernos las palabras de Dios sobre cómo vivir nuestra vida humana, y alcanzar la salvación.

También se lamenta Jesús, en un nuevo “ay”, de que los juristas no quieran trasmitir la verdad, encerrándola, quedándose con la lleve del saber, sin dejar que llegue a sus destinatarios. Una advertencia para todos los cristianos, para todos los predicadores cristianos que hemos de transmitir el evangelio de Jesús tal como él nos lo predicó, su verdad, la verdad que salva, libera y da sentido a nuestra vida.

F/ Domincos.org

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