Sábado 29 de enero 2022 de la 3ª semana de Tiempo Ordinario
Samuel 12, 1 7a. 10-17: He pecado contra el Señor.
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Marcos 4, 35-41: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas lo obedecen!
El poder de Jesús no tiene límites: domina las fuerzas de la naturaleza, el cuerpo y alma de los hombres. En medio de la tempestad, Jesús estaba dormido en la popa sobre un almohadón, mientras los discípulos remaban desesperadamente. Imagen ésta que refleja bien cómo nuestra situación en ciertos momentos de la vida: mientras nosotros hacemos esfuerzos desesperados por salir de un peligro y sabemos que el Señor está a nuestro lado, nos resulta difícil rechazar el pensamiento o la tentación de imaginar que a Jesús no le importa que nos hundamos.
Pero sí le importa. La prueba de que le importa es que está embarcado en la misma barca que nosotros y sacudido y sacudido por la misma tempestad. El Hijo de Dios se metió en nuestro mundo de alegrías y también de sufrimientos e injusticias. Y fue zarandeado como pocas personas lo han sido. Si se ha embarcado con nosotros, es precisamente para que no nos hundamos. Pero no nos dice hasta cuándo durará la tempestad ni cuándo llegará la calma.
Mientras tanto nos dirige la misma pregunta que aquél día: ¿Por qué sois tan cobardes? Aún no tenéis fe?
F/ Dominicos.org

