Martes 29 de marzo de 2022 de la Cuarta semana de Cuaresma
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-9. 12
Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 R/. El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob
Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 1-16
El relato nos dice que en una de las puertas de Jerusalén había una piscina en torno a la cual se encontraban echados muchos enfermos de todo tipo. Jesús contempla la escena. Ante él, el panorama de muchas personas que no pueden participar en esa fiesta. Son enfermos, en consecuencia impuros y excluidos.
Jesús se fija en uno de ellos que llevaba muchos años allí, y le hace una pregunta clave: ¿quieres curarte?
Y, ¡oh sorpresa!, el enfermo no responde a esa pregunta. Como justificándose, trata de explicar la razón por la que no está aún curado: hay otros más rápidos que él para alcanzar el agua. Cabe preguntarse si en 38 años no había tenido tiempo de madurar algún plan que le permitiera entrar el primero en el agua… Tampoco ahora se le ocurre decirle a Jesús que sí quiere ser curado.
Jesús le cura, y el hombre carga con su camilla y se marcha sin mostrar agradecimiento, ni interés en conocer a quien le había curado.
El texto es muy claro. ¿Qué resaltar?
– Jesús aparece como la fuente de sanación y vida. No está en el agua de la piscina…
– Jesús ofrece siempre salvación, aun cuando nosotros no se lo pidamos. Su decisión de encontrarnos es el principio de nuestra esperanza.
– El enfrentamiento de Jesús con los responsables religiosos de su pueblo continúa ahondándose: para Jesús el bien del ser humano está por encima de las normas, para ellos la norma es el criterio último de toda acción.
Sería interesante que nos diéramos un tiempo para tratar de identificarnos con el enfermo y con aquellos que se enfrentan a Jesús. ¿Tenemos nosotros algunos de los rasgos que en ellos se adivinan?
Pedimos al Señor Jesús que nos introduzca en su dinamismo vital: la donación que busca siempre el bien de los otros/as.
F/DOMINICOS.ORG

