No desperdiciemos lo que tenemos, difundamos una ecología de justicia y caridad
No desperdiciar: es lo que nos enseñan los pobres de espíritu, entre los que Jesús llama bienaventurados en la página del Evangelio de Mateo del cuarto domingo del tiempo ordinario. Francisco lo subrayó en el Ángelus, explicando que los pobres de espíritu son aquellos que «saben que no se bastan consigo mismos, que no son autosuficientes, y viven como ‘mendicantes de Dios’: se sienten necesitados de Él y reconocen que el bien viene de Él, como don, como gracia». «Quien es pobre de espíritu», de hecho, añade el Papa, «atesora lo que recibe», por eso “desea que ningún don se desperdicie». «Los pobres de espíritu tratan de no desperdiciar nada». Y Jesús nos muestra la importancia de no desperdiciar, por ejemplo, cuando «después de la multiplicación de los panes y los peces», pide que se recoja la comida que sobra para que nada se pierda».
No desperdiciar nos permite apreciar el valor de nosotros mismos, de las personas y de las cosas. Pero lamentablemente es un principio a menudo desatendido, sobre todo en las sociedades más ricas, en las que domina la cultura del derroche y la cultura del descarte: las dos son una peste. Quisiera proponeros tres desafíos contra la mentalidad del desperdicio y del descarte.
El Papa expresa su preocupación por la escalada de violencia en Tierra Santa y lanza un sentido llamamiento a los dos gobiernos implicados y a la comunidad internacional para que encuentren sin demora vías de paz. A continuación, sus pensamientos se dirigen al estancamiento en la región de Nagorno-Karabaj, donde la emergencia humanitaria es aguda. Francisco recuerda también el Día Mundial de los Enfermos de Lepra que se celebra hoy. Junto a él estaban dos jóvenes de Acción Católica, en representación de los congregados en la Plaza de San Pedro para la cita anual de la Caravana de la Paz. Y una vez más se elevó el deseo del fin de la guerra en Ucrania, también a través de sus voces.

