El signo de la evangelización, «hay como un puente entre el primer y el último Concilio». Un puente, añade, «cuyo arquitecto es el Espíritu Santo». La invitación del Pontífice es a ponerse «a la escucha del Concilio Vaticano II, para descubrir que evangelizar es siempre un servicio eclesial, nunca solitario, nunca aislado o individualista» y «sin hacer proselitismo».
“En efecto, el evangelizador transmite siempre lo que ha recibido. San Pablo lo escribió primero: el Evangelio que él anunciaba y que las comunidades recibían y en el que permanecían firmes es el mismo que el Apóstol mismo había recibido (cf. 1 Co 15,1-3). La fe se recibe y la fe se transmite… Este dinamismo eclesial de transmisión del Mensaje es vinculante y garantiza la autenticidad del anuncio cristiano.”
El amor de Dios «es para todos, sin excepción». El Pontífice, refiriéndose de nuevo a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, recuerda que «es tarea de la Iglesia continuar la misión de Cristo» siguiendo «el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la abnegación hasta la muerte». Si permanece fiel a este camino trazado por Jesús, «la misión de la Iglesia es la manifestación, es decir, la epifanía y la realización, del designio divino en el mundo y en la historia». En el pueblo de Dios «peregrino y evangelizador», sigue explicando el Papa, «no hay sujetos activos y pasivos». No hay «quien predica y quien calla»:
“Cada bautizado, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción en su fe, es sujeto activo de la evangelización… En virtud del Bautismo recibido y de la consiguiente incorporación a la Iglesia, todo bautizado participa en la misión de la Iglesia y, en ella, en la misión de Cristo Rey, Sacerdote y Profeta. Esta tarea ‘es una e inmutable en todo lugar y en toda situación, aunque según las circunstancias cambiantes no se realice del mismo modo’. Esto nos invita a no esclerotizarnos ni fosilizarnos; el celo misionero del creyente se expresa también como búsqueda creativa de nuevas formas de anunciar y testimoniar, de nuevas maneras de encontrar la humanidad herida que Cristo asumió. En definitiva, de nuevas formas de prestar servicio al Evangelio y a la humanidad.”
La evangelización es un servicio: hay que tener «corazón de servidor» para evangelizar.