El reto de la natalidad es una cuestión de esperanza

“El reto de la natalidad es una cuestión de esperanza. Pero cuidado, la esperanza no es, como a menudo se piensa, optimismo, no es un vago sentimiento positivo sobre el futuro. No es una ilusión ni una emoción; es una virtud concreta. Y tiene que ver con opciones concretas”, lo dijo el Papa Francisco.

“Hace quince días, mi secretario paseaba por la Plaza y vino una madre con un cochecito de bebé. Él, un sacerdote de corazón tierno, se acercó a bendecir al niño, y era un perrito… Hace quince días, en la Audiencia de los miércoles: yo iba a saludar, y pasé por delante de una señora, de cincuenta años más o menos -¡como yo más o menos! – saludé a la señora, y ella abrió una bolsa y dijo: ‘bendice a mi bebé’… Un perrito… Ahí no tuve paciencia y regañé a la señora: ‘Señora, ¡tantos niños con hambre, y usted con el perrito! Hermanos y hermanas, éstas son escenas del presente, pero si las cosas siguen así, ésta será la costumbre del futuro… tengamos cuidado”.

El reto de la natalidad es una cuestión de esperanza. Pero cuidado, la esperanza no es, como a menudo se piensa, optimismo, no es un vago sentimiento positivo sobre el futuro. No es una ilusión ni una emoción; es una virtud concreta. Y tiene que ver con opciones concretas.

“La esperanza se alimenta del compromiso de cada uno con el bien, crece cuando nos sentimos partícipes e implicados en dar sentido a nuestra vida y a la de los demás. Alimentar la esperanza es, por tanto, acción social, intelectual, artística, política en el más alto sentido de la palabra; es poner las propias capacidades y recursos al servicio del bien común, es sembrar futuro. La esperanza genera cambio y mejora el futuro”.

La esperanza, en efecto, concluyó el Papa Francisco, nos llama a ponernos en marcha para encontrar soluciones que den forma a una sociedad a la altura del momento histórico que vivimos, una época de crisis marcada por tantas injusticias. La guerra es una de estas

“Reactivar la natalidad es reparar las formas de exclusión social que afectan a los jóvenes y a su futuro. Y es un servicio para todos: los hijos no son bienes individuales, sino son personas que contribuyen al crecimiento de todos, aportando riqueza humana y generacional. También aportando creatividad al corazón de los padres. A ustedes, que están aquí para encontrar buenas soluciones, fruto de su profesionalidad y competencia, quiero decirles: siéntanse llamados a la gran tarea de regenerar la esperanza, de poner en marcha procesos que den impulso y vida a Italia, a Europa, al mundo. Que nos traigan muchos niños”.

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